Con una temporada corta, pero significativa, “Fuerza bruta” es un espectáculo que está generando impacto en la ciudad de Lima. El día 08 tuve la oportunidad de participar de ella, y creo conveniente comentar un poco acerca de esta experiencia.

Para quienes desean ir a verla, y están por decidirse, voy a adelantarles lo siguiente: es buenísima. Sin embargo, deberán tomar algunas previsiones. No vayan a verla con ropa excesivamente formal o tacones muy elevados. ¿Y si salen del trabajo? Pues, la producción ha dispuesto guardarropa para darles una mano.

A continuación, les doy las razones de mi recomendación.

  1. Tramoya. Espectacular. Si solamente contamos lo que se hace con los recursos físicos (cortinas, piscina elevada, plataformas) ya es suficiente para pagar la entrada. Sin embargo, todo lo que hacen tiene un sentido, y el trabajo del equipo es competente.
  2. Participación del público. Intensa. Van a tener que estar de pie, pero será muy difícil estar en un solo lugar (no se preocupen, no tendrán que hacer coreografías), y los actores escogerán solo a quiénes estén más emocionados, y deseen que les caigan cosas en la cabeza (no se preocupen, que no duele).
  3. Historia. Clásica e innovadora al mismo tiempo. Puede interpretarse de muchas formas (es ampliamente abierta), pero es evidente que el inicio y el cierre nos cuentan una excelente evolución del protagonista, al contraponer elementos como caos-orden, soledad-compañía, muerte-vida, sufrimiento-alegría, miedo-valor, etc.
  4. Sorpresas. Muchas. Cada detalle ha sido preparado con cautela y amplia experiencia. Después de todo, este espectáculo ha dado la vuelta alrededor del mundo.

5. Experiencia global. Está hecha para sentir emoción. Si desean estar en una butaca y sentir “para adentro”, esta no es su obra. Si desean aprovecharla, imaginen por un momento que están en una fiesta de otra dimensión.

Luego de navegar un poco, pude encontrar este video, aunque la experiencia en vivo es otra cosa.

Una cosa más: las fotos no son mías. Las encontré en Internet, porque preferí aprovechar cada momento.

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