Como resultado de un trabajo sobre análisis poético, comentado en este espacio, encontré uno que llamó mi atención: la lectura del poema “Te doleré”, el cual fue hallado por una de mis estudiantes y comentado en el presente video.

Nunca pedí o recomendé mis poemas para ser analizados por dos razones implícitas: (a) mi estilo nunca ha sido canónico o reconocible para la crítica contemporánea y (b) no la consideré un ejemplo didáctico para una clase, como sí podría ser, por ejemplo, Watanabe, Eielson o Neruda, quienes evidencian vigorosamente su temática, y se puede comentar mucho acerca de ellos sin caer fácilmente en el error.

A partir de la revisión de este video, observé que una crítica joven y talentosa puede hacer mucho más que una reconocida y ampliamente segura de sí misma. Esto, principalmente, por las siguientes razones.

  1. La crítica reconocida recorre los caminos más seguros posibles. Escoge textos que ya cuentan con un determinado prestigio, y les agrega la metodología de algún teórico reconocido. Esto, sin que necesariamente aporte algo al análisis textual.
  2. Los críticos de prestigio tienen el atributo de la “infalibilidad”. Esto quiere decir que su lectura será la única aceptada por los medios, a los que les costará escuchar otras alternativas.
  3. El comentarista con recorrido defenderá las tendencias actuales. No hay lugar para escritores rebeldes como en su tiempo lo fueron Martín Adán (quien publicó sonetos en plena vanguardia) o César Vallejo (cuando sacó Trilce a la luz), ya que ellos atentan contra la estabilidad de lo que celosamente protegen. Estos poetas son requeridos únicamente cuando ya todos aplaudieron su innovación y no haya conflicto de intereses para el crítico.
  4. A falta de información, siempre se pueden encasillar a un escritor como un seguidor de tendencias. Esto, bajo silogismos incompletos y falaces (si Westphalen es amigo de César Moro, Westphalen es surrealista).

Desde que Clemente Palma (crítico innovador e importante para su tiempo) hizo lo propio con César Vallejo, debemos poner en tela de juicio la imaginación y la necesidad de espacios seguros para la crítica literaria. Podemos afirmar sobre ellos, como Koreander, en la versión cinematográfica de la historia interminable: “Los libros que lees son seguros”.

La crítica juvenil tiene mucho que ofrecernos, siempre y cuando sume a su talento la falta de prejuicio sobre lo que puede afirmar. Felizmente, no vive en un mundo restringido como el de nosotros (encerrados en recintos pequeños y amagues de diálogos socráticos), sino en el mundo real. Ellos pueden sumar a su experiencia de vida la capacidad para ser sensibles frente a discursos globales, en los que todas las voces pueden ser escuchadas.