0. Introducción

Este poema, publicado originalmente en lengua inglesa, y publicado en la revista Front, por intermedio de Xavier Abril, ha sido objeto de culto, conversaciones y recitales durante las últimas décadas. Sin embargo, más allá de las traducciones de “Magic World”, comentadas por Alberto Escobar en El imaginario nacional (1989), no se cuenta con una inmersión profunda a este y la mayoría de poemas de Emilio Adolfo Westphalen. Esto, probablemente, debido a las diversas etiquetas que ha sufrido nuestro autor, y por el hecho de que tanto él como su poesía han resultados esquivos a las explicaciones y versiones “oficiales”.

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Emilio Adolfo Westphalen

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Xavier Abril

“Magic World” es un poema coetáneo de numerosos ensayos poéticos cercanos, cronológicamente, al binomio conformado por Las ínsulas extrañas (1933) y Abolición de la muerte (1935), títulos que, si bien se vendieron escasamente en su época, han sido motivo de reediciones, reconocimientos e inclusiones hasta el día de hoy. Podemos mencionar, entre ellas, a la inclusión de algunos poemas en la célebre antología Vuelta a la otra margen (1970), título compilado por Abelardo Oquendo y Mirko Lauer, y en cuyas páginas encontramos a otros grandes poetas, como César Moro, Martín Adán y Jorge Eduardo Eielson. También resulta felizmente paradójico que la reedición de los poemarios publicados en 1933 y 1935 se agoten en el 2004, gracias a la iniciativa de la editorial Riotigre.

En el caso del poema a analizar, tomaré la traducción del propio Westphalen, no por que se presuman inconsistencias en las otras, sino por el deseo de que el análisis trabaje sobre la base del diálogo intertextual que el poeta plantea con su propio trabajo.

  1. Primeras aproximaciones: título y locución

Aunque la mayoría de los poemas de Westphalen de la década del 30 carecen de título (como ocurre en el caso de Las ínsulas… y Abolición…), los publicados en revistas y aquellos presentados durante la década del 80 sí los tienen. Su traducción literal del inglés hacia la frase “Mundo mágico” hace referencia a un espacio mundial (un hábitat o un sistema), creado por acción mágica o sobrenatural. No corresponde, en este caso, mundo natural ni mundo artificial (oposición recurrente en los discursos de las ciencias sociales), sino en uno creado a través de la magia. Ello implica la ruptura con los cánones y reglas que atañen a los otros órdenes, para inventar uno que resulte diferente.

La elocución hace referencia a una voz en primera persona que informa y determina todo lo que ocurre sin restricciones: “Tengo que darles una noticia negra y definitiva” (v. 1), “Mañana estarán ustedes muertos” (v. 12), “Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería” (v. 21), “Y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos” (v. 26).

El locutor personaje del poema se dirige a una colectividad de alocutarios en segunda persona con total seguridad. No restringe sus acciones, debido a que maneja sentencias sobre todo lo que le rodea. Por tal motivo, asume su autonomía al grado de convertirse en el gobernante (o creador) de dicho mundo, cuya voluntad se expresa a sus seguidores. Por lo tanto, desarrolla sus propias sentencias, alternadas entre el Eros (“muchachas de ojos rojos”, “amorcitos”) y el Thanatos (“todos ustedes se están muriendo”, “la muerte de ojos blancos”):

Tengo que darles una noticia negra y definitiva

Todos ustedes se están muriendo

Los muertos la muerte de ojos blancos las muchachas de ojos rojos

Volviéndose jóvenes las muchachas las madres todos mis amorcitos  

 

  1. De la muerte hacia el amor

 

La dicotomía entre el Eros y el Thanatos se va a desarrollar durante todo el poema, iniciando con la muerte en la esfera de la otredad (“Todos ustedes”, v. 2) y el amor en lo propio (“todos mis amorcitos”, v. 4). Esta alternancia va a brindar la posibilidad de prolongar la vida a lo femenino, gracias a su potencial para volverse “amorcitos” del locutor a través de la escritura:

 

Los muertos la muerte de ojos blanco las muchachas de los ojos rojos

Volviéndose jóvenes las muchachas las madres todos mis amorcitos

Yo escribía 

Dije amorcitos

Digo que escribía una carta

Una carta una carta infame

Pero dije amorcitos

 

Esta voluntad de perpetuar (volver jóvenes) a las “muchachas” “las madres todos mis amorcitos” (v 3) se evidencia en la falta de signos de puntuación que sugieran pausas. Es una acción natural e inevitable, debido al poder del locutor, el cual se deja seducir por sus “amorcitos”. Sin embargo, todas ellas también están sometidas a un cambio de voluntad que retorne al Thanatos (“ojos inmóviles”), ya que puede cambiar de opinión, prometer un recuerdo y escribir otra carta, la cual designe una situación diferente:

Otra será escrita mañana

Mañana estarán ustedes muertos

La carta intacta la carta infame también está muerta

Escribo siempre y no olvidaré tus ojos rojos

Es todo lo que puedo prometer

Tus ojos inmóviles tus ojos rojos

Es todo lo que puedo prometer

 

Esta franqueza en su declaración va a dar paso a una segunda relación con su “lápiz”. Este objeto, metafóricamente, es su instrumento para cambiar la realidad y convertirla incluso en la mujer definitiva (con la que se desposa y tiene hijos) en el poema.

 

Cuando fui a verte tenía un lápiz y escribí sobre tu puerta

Esta es la casa de las mujeres que se están muriendo

Las mujeres de ojos inmóviles las muchachas de ojos rojos

Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería

Mi lápiz enano mi querido lápiz de ojos blancos

Pero una vez lo llamé el peor lápiz que nunca tuve

No oyó lo que dije no se enteró

Sólo tenía ojos blancos

Luego besé sus ojos blancos y él se convirtió en ella

Y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos

Mis hijos o sus hijos

 

El aspecto cromático o disfuncional de los ojos que distingue a las mujeres (“ojos rojos” / “ojos inmóviles”) del lápiz y la muerte (“ojos blancos”) es digno de comentar. Los semas a los que se remite lo rojo (e inmóvil) frente a lo blanco hacen referencia a una visión de mundo que asume roles y participación desde el punto de vista amoroso (lo rojo), pero que se detiene por acción de la muerte (la inmovilidad). Los referidos a lo blanco, constituyen una visión desprejuiciada y sin ideología, como la que ofrece la muerte o el lápiz como instrumento del locutor.

Lo blanco, por otra parte, tiene como atributo el poder adaptarse a la voluntad del locutor, quien utiliza su instrumento de poder. Sin embargo, al mismo tiempo, es incapaz de crear una vida propia. Los hijos que se tuvo con el lápiz “no tienen ojos ni rojos ni inmóviles ni blancos” (v. 32). Al no tener ojos, se evidencia que solo se trata de productos artificiales, sin la capacidad para de leer periódicos (comprender la realidad y opinar sobre esta), ya que son, en esencia, productos artificiales.

 

Cada uno tiene un periódico para leer

Los periódicos de la muerte que están muertos

Sólo que ellos no saben leer

No tienen ojos ni rojos ni inmóviles ni blancos

Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están muriendo

Pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos

Ojos rojos ojos inmóviles

 

Al cierre del poema, el locutor resume lo declarado inicialmente. Parafrasea el verso inicial y la acción de escritura. Asimismo, destaca nuevamente una verdad de la que se hace consciente. Su lápiz, convertido en ella, “es el desasosiego y no tiene ojos rojos / Ojos rojos ojos inmóviles” (v. 34-35). Por lo tanto, al declarar “Bah no la quiero” (v. 36), demuestra que su interés en esa relación artificial es inauténtica e insustancial. Puede ser eterna dentro del “Mundo mágico”, declarado como título del poema, pero carece de la voluntad propia y fragilidad de la vida que poseen las “mujeres de ojos rojos” y sus “amorcitos”.

 

Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están muriendo

Pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos

Ojos rojos ojos inmóviles

Bah no la quiero

 

  1. A manera de conclusión

“Mundo mágico” es un poema que, inmerso en una aparente crítica a la fragilidad de la vida, representada en el Eros frente al Thanatos, le otorga una cualidad de autenticidad mayor que cualquier universo artificial. El lápiz, como instrumento de creación, aunque se convierta en “ella”, es insuficiente (“enano”), como para cumplir su propia función de construir un mundo diferente o la de reemplazar a “las mujeres de ojos rojos” y los “amorcitos”, ya que, si bien resulta desprejuiciado frente a ellas, no cuenta con voluntad propia, ideologías y el encanto que ellas tienen.

Esta incapacidad del hombre puede comentarse en un marco de otros poemas publicados por Westphalen. “Poema inútil” o el título Amago de poema de lampo de nada (1984), hacen referencia a los límites de la poesía y la crítica que nuestro autor manifestó respecto de esta frente a una experiencia auténtica. Un caso similar podemos encontrarlo en los versos de “Un hombre pasa con un pan al hombro…” de César Vallejo, otro gran poeta peruano que halló en su propia sensibilidad el hecho de considerar a la poesía como un arte hermoso, aunque insuficiente para reemplazar cualquier experiencia vital, como el amor y la fragilidad de la vida.

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Mundo mágico (Emilio Adolfo Westphalen)

 

Tengo que darles una noticia negra y definitiva

Todos ustedes se están muriendo

Los muertos la muerte de ojos blancos las muchachas de ojos rojos

Volviéndose jóvenes las muchachas las madres todos mis amorcitos

Yo escribía

Dije amorcitos

Digo que escribía una carta

Una carta una carta infame

Pero dije amorcitos

Estoy escribiendo una carta

Otra será escrita mañana

Mañana estarán ustedes muertos

La carta intacta la carta infame también está muerta

Escribo siempre y no olvidaré tus ojos rojos

Es todo lo que puedo prometer

Tus ojos inmóviles tus ojos rojos

Es todo lo que puedo prometer

Cuando fui a verte tenía un lápiz y escribí sobre tu puerta

Esta es la casa de las mujeres que se están muriendo

Las mujeres de ojos inmóviles las muchachas de ojos rojos

Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería

Mi lápiz enano mi querido lápiz de ojos blancos

Pero una vez lo llamé el peor lápiz que nunca tuve

No oyó lo que dije no se enteró

Sólo tenía ojos blancos

Luego besé sus ojos blancos y él se convirtió en ella

Y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos

Mis hijos o sus hijos

Cada uno tiene un periódico para leer

Los periódicos de la muerte que están muertos

Sólo que ellos no saben leer

No tienen ojos ni rojos ni inmóviles ni blancos

Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están muriendo

Pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos

Ojos rojos ojos inmóviles

Bah no la quiero
(de Belleza de una espada clavada en la lengua. México, 1980)

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Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001). Poeta y promotor cultural peruano. Autor de Las ínsulas extrañas (1933), Abolición de la muerte (1935), Otra imagen deleznable (1980), Arriba bajo el cielo (1982), Máximas y mínimas de sapiencia pedestre (1982), Amago de poemas de lampo de nada (1984), Porciones de sueños para mitigar avernos (1986). Ha vuelto la Diosa Ambarina (1988), Cuál es la risa (1989), Bajo zarpas de la quimera (1991), Poesía completa y Ensayos escogidos (2004) y Simulacro de sortilegios. Poesía completa (2012). Sus artículos y ensayos han sido reunidos en La poesía, los poemas los poetas (1995) y Escritos varios sobre arte y poesía (1997). Fue director de las famosas revistas Las Moradas (1947-1949) y Amaru (1967-1971). El poema “Mundo mágico” en el que se centra esta breve nota se ha convertido en objeto de culto, pero no de un estudio específico y minucioso, salvo en lo concerniente a las múltiples traducciones que hubo del mismo en el libro El imaginario nacional de Alberto Escobar (1989).