Aunque Lima en diciembre es especialmente peligrosa para conducir y ver los anuncios de las últimas películas, es casi imposible visitar un supermercado, ingresar a las redes o ver televisión sin darse cuenta del potente estreno de El despertar de la fuerza, película inspirada, en la trilogía que inició en 1977, con el oportuno abandono de sus desafortunadas precuelas.

Según se comenta, el 99% del mundo conoce perfectamente los argumentos precedentes al séptimo episodio. Sin embargo, para el 1% restante, y todos aquellos que deseen recordar  algunos detalles, les comparto este cómic que se ha vuelto viral en pocos días.

Para todos aquellos que van a ver una película de Star Wars por primera vez, les puedo decir, con toda franqueza, que no se encontrarán con un argumento complejo, al estilo de series como Lost o Game of Thrones. Star Wars nunca ha sido (y nunca será) una saga difícil de entender. Sus valores son elementales y efectivos. Hay una lucha entre el bien y el mal, y ese conflicto no solo está en los bandos claramente definidos, sino también dentro de sus protagonistas. Los buenos tienen miedo de la amenaza de un enemigo imponente y requieren de líderes con inspiración. Los malos representan el odio por la humanidad, y son capaces de traicionarse entre sí cuando la situación lo amerite.

Advertencia: inicio de spoilers. 

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El argumento de Episodio 7 gira en torno a Rey (Daisy Ridley), una carroñera de trastos que caen en su remoto e incivilizado planeta. Al igual que los protagonistas anteriores, pasa sus primeros años en una situación de precariedad y aislamiento.

Un día, en sus tantos rescates de trastos, se encuentra con un droid en forma de balón, el cual tiene información sobre el paradero del legendario Luke Skywalker, un jedi tan importante que su existencia se considera más un cuento de hadas, y sobre el cual la misma Rey se mostrará escéptica.

Luego de este encuentro, y casi como en un retablo, se pasará revista a personajes significativos para todos los que han visto más de una vez la película de Star Wars: un trooper arrepentido que recibirá el nombre de Finn, Han Solo, Chewbacca, Leia, C3PO y el mismo R2R2 (por cierto, la película paga su precio cuando Han y Chewie son “arrestados” y tienen que ponerse las manos sobre la cabeza).

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Este abanico de caras conocidas tiene un doble propósito: reforzar el diálogo con las películas clásicas (importante para los espectadores de más de 30 años) y ejercer la docencia (y casi adoctrinamiento) en las nuevas generaciones. De hecho, en más de una oportunidad, todos estos personajes darán cátedra a Rey y Finn sobre el bien y el mal, aunque también representarán la desazón por fracasos pasados, como la ruptura entre Han y Leia y la situación actual de su hijo.

El punto más débil de la película es, probablemente, la representación del mal. Kylo Ren es un personaje frágil y confundido, el cual manifiesta  vulnerabilidad en sus pucheros con el light saber. Y en esta película (salvo su grosero asesinato de un personaje clave), se queda como una diminuta sombra de cualquier otro villano de la saga. Un punto a favor (o excusa) es que esta debilidad puede estar justificada por su falta de experiencia (todavía no es un Sith) y hacer verosímil la posibilidad de que Rey (sin mentores ni entrenamiento jedi) acabe por convertirse en un rival difícil de vencer.

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La tecnología existente permite despliegues más espectaculares de efectos especiales. Sin embargo, Abrams optó por discreción de este punto, para dar más espacio al interior de sus personajes y la presencia de la fuerza (a veces en excesivos primeros planos). Esto permite una comprensión mucho más clara de que estamos viendo una auténtica película de Star Wars, con una lucha diáfana entre el bien y el mal y personas auténticas que tratan de proteger a sus seres queridos frente a amenazas extraordinarias.

Un comentario adicional es el diálogo con las películas precedentes a través de temáticas como la construcción de una identidad (Finn), la confrontación con el destino (Rey) y los conflictos dentro de la familia (Kylo Ren). De hecho, este último caso es un contrapunto directo con la batalla final entre Luke y Darth Vader en El retorno del jedi.

Podría decir, a manera de conclusión, que ir al cine para ver Episodio VII es una experiencia que vale la pena repetir en más de una oportunidad. Con un argumento sólido, suficiente rencor contra los villanos y expectativa por la escena final, contemplamos una serie de decisiones inteligentes y de interesante discusión por un buen tiempo. Esperemos que las futuras temporadas navideñas de los próximos bienios nos ofrezcan más regalos como estos.

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