Singularidad: Cualidad de singular // Distinción o separación de lo común.

No soy un seguidor de muchas bandas o cantantes de estos años. Sin embargo, durante la época en que mi casa era un centro de reunión nunca perdonaba la oportunidad para poner un disco de David Bowie. ¿La razón? Fue un artista real, concreto y visible en todos sus personajes, estilos y elecciones. Por eso, enterarme de su partida esta mañana despierta una sensación de vacío y nostalgia. Ha culminado uno de los más bellos trabajos artísticos del último siglo.

Bowie fue un artista multifacético. Lo pueden encontrar en películas, conciertos (masivos y de cámara) y reconocerán que será imposible definirlo. Cada lustro de su trabajo es el equivalente a una carrera musical brillante. La suma de su propia trayectoria es un cúmulo de saltos cualitativos hacia dimensiones desconocidas y de altísimo riesgo.

Gracias, David Bowie, por creer y demostrar que el arte es creación y no repetición. Gracias por darle forma a muchos momentos en la vida de millones de personas. Te extrañaremos con canciones construidas a fuerza de curiosidad profesional, genialidad y altísimo empeño. No todos tienen el lujo de dejarnos con una nueva producción, publicada en tus últimos días de vida.

Ahora, una pequeña selección para las nuevas generaciones (se omite rigurosamente Modern Love).

Space Oddity (1969). Una canción para iniciar muchos discos recopilatorios. Bowie habla del, ahora célebre, Mayor Tom. Un astronauta que describe con infinita nostalgia a la Tierra desde el espacio exterior, pero que, de un momento a otro, va perdiendo el control y deja el encargo para despedirse de su esposa poco antes de desaparecer en la lejanía.

 

Ashes to Ashes (1980). Si el Mayor Tom era una estrella en la lejanía para los seguidores de Bowie en la década del 70, en 1980 se convierte en un yonqui, de quien debemos burlarnos. Inolvidable la escena de Bowie cuando se toma la foto, ese tipo de delimitación le causa dolor.

Changes (1971). Una canción para poner en cada momento crucial de nuestra vida. El título lo dice todo.

Ziggy Stardust (1972). Solo alguien como Bowie puede crear e interpretar a otra estrella. Ziggy fue un Superestar representado en un documental que mostraba su gloria y caída en medio de la vorágine de la fama.

 

Heroes (1977). No, la canción no es de Wallflowers (y tampoco fue concebida para colocarla en Godzilla). Está hecha para escucharla y vivirla.

 

Let’s dance (1977). Un tema inolvidable y de muy sencilla simbología.

Under Pressure (1986-1999). Con versiones y remasterizaciones, este clásico lo inmortalizó junto a otro monstruo: Freddy Mercury.

The Man Who Sold The World (1995). Quienes creyeron que la canción era de Nirvana, lamento decepcionarlos. Por supuesto, Bowie tiene más versiones de esta canción que muchas bandas canciones propias.

 

Little Wonder (1997). Luego de trabajar con Nine Inch Nails y sus arreglos electrónicos, Bowie explora un universo extraño en el que interpreta a un bizarro coleccionista de sonidos. Nada mal para salir de la década de la generación X.

The Dreamers (1999). Uno de los himnos de quien busca la singularidad. La fotografía del álbum Hours muestra un Bowie desvanecido y otro nuevo, que lo protege.

 

Survive (1999). Un mensaje que todos hubiésemos deseado para el día de hoy. Es interesante verlo en su versión avatar en el videojuego Nomad Soul.

 

Something in the Air (1999). La tercera canción de Hours que me gustaría incluir en este grupo. Una de las canciones más emotivas que he conocido.

 

Lazarus (2016). Con el álbum Blackstar recién publicado, Bowie se despide de nosotros mostrando el rostro directamente hacia su destino. Sin miedo, como el genial artista que es.