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Hace unos tres días hallé la propuesta de un concierto sinfónico dedicado a la música de videojuegos y animes, organizado nada menos que por el Ministerio de Cultura de mi país.

Por más docente, padre de familia y finalizando la tesis doctoral que me encuentre, algo en mí despertó: el deseo de asistir a ese concierto y revivir la conjunción entre una obra destinada al entretenimiento y al placer estético. Por supuesto, necesitaba cómplices. Mi esposa se negó rotundamente, pero aceptó que lleve a nuestro hijo.

Para todos los que me conocen a la distancia o recientemente, el inicio de mi trabajo de creación siempre estuvo rodeado de videojuegos, animes y música. Y tuve la fortuna de crecer en una época en que no se pagaba por ganar un juego. ¡Tenías que ganarlo por tus habilidades! Eso significaba recordar la música una y otra vez. Vivirla y tomar un papel activo en ella. En un universo compartido desde el hogar o en los centros públicos de alquiler en los que corrías autos, luchabas contra monstruos que superaban a tu personaje en todo sentido o jugabas la “pichanga” (partido de fútbol del barrio) sin sudar ni una sola gota. Un entrañable ejemplo es el recordado Top gear, videojuego creado al inicio de los noventa y entrañable por donde se le escuche.

Unos años después también caí en la fiebre de los Final Fantasy. Empecé con FFVI y terminé con FFIX, pues el tiempo y la economía menguaron en proporción inversa a las responsabilidades. Sin embargo, el arrastre que ha tenido las colosales historias de la marca, con guerreros, poderes inimaginables y la  lucha contra el mal no solo repercutieron en el entretenimiento de millones de personas (sí, millones), sino también en el cultivo de su gusto a través de interpretaciones propias, como este tema de FFVIII, reinterpretado en violín:

O este coro, cantando un tema de FFVII.

Los juegos también tienen su lado serio.

¿Y en cuanto al anime? Creo que sería muy difícil introducir las múltiples realidades creadas tan genialmente sin su cuota musical, como el distópico mundo de Last Exile:

O la aparición de tantos personajes en la extraordinaria (y única buena para muchos) temporada de la “Soul Society” en Bleach.

O el inspiradísimo tema introductorio de Saint Seiya Hades (especialmente entendible para quienes pasaron su infancia viendo Los caballeros del Zodiaco.

¿Y en cuanto al concierto? Bueno, hasta el día de ayer estuve listo para convencer a mi hijo para que escuche los temas de Zelda y Mario Bros en orquesta (él ya comenzó a conocerlos gracias a Super Smash Bros, en el que repasamos todos los personajes clásicos de Nintendo). Sin embargo, así como la juventud y la belleza son efímeras, también mi esperanza de asistir. ¡Las entradas ya estaban agotadas!