Les comparto un fragmento de mi novela El agente y la psíquica, la cual se presentará este miércoles 22 de febrero en la Casa de la Literatura Peruana a las 6:00 p.m.


I

El lugar donde descansan Lally, Lena y Daniel fue edificado bondadosamente. Tiene como  propósito albergar un espacio equilibrado entre el trabajo y la convivencia. Daniel representaba el aprendizaje; Lena, el equilibrio emocional; Barack, la investigación; Lally, el cuidado de los otros. En otra habitación, una mujer sin memoria descansaba bajo los cariños de la última.

César había sido feliz en ese espacio. Todos eran valiosos. Sin embargo, cuando trajeron a Evelyn sin memoria y con rastros de haber sufrido traumas psicológicos, el corazón se le llenó de espinas. “Un monstruo”, se dijo. “Un monstruo ha destruido una vida inocente”. “Un monstruo le quitó sus sueños”. “Un monstruo como el que me atravesó el hombro”.

Los últimos dos días César no había podido repetir estas expresiones en su mente. Sabía que Lena podía leerlas, y no se había dado permiso de pensar en lo que debía hacer de forma conclusiva. Algo tenía que sacarlo de ahí. Salvar una vida o encontrar al culpable. En la motocicleta no pudo evitar pensarlo nuevamente: “un monstruo, un monstruo, un monstruo, un monstruo”. Sí. Un monstruo tomó la vida de la mujer que lo estaba esperando antes que el mundo se viniera abajo nuevamente.

“Si hubiese regresado inmediatamente de mi encuentro con Barack tal vez esa niña se hubiese salvado. Pero si eso hubiese pasado, Lena estaría muerta y no hubiese existido esta esperanza. ¿Cuál fue el camino correcto? ¿Sigo por el camino adecuado o estoy cayendo en un error”.

  • La soledad te mata, ¿no es así?
  • ¿Eres tú de nuevo?
  • No, querido. Eres tú. Tú que nunca estás contento con lo que quieres. Quieres salvar el mundo porque no pudiste salvar a tu mujer. Quieres salvar a Lena porque no pudiste salvar a una pobre chica. Pero tú te alejaste de ellas cuando te necesitaban. Tú decidiste irte. ¿Recuerdas? ¡Te dije que no vayas! ¡No vale la pena cambiar las cosas! ¡Aquí ya no hay lugar para ti!
  • Mi lugar está aquí y ahora. Esto es lo que debo hacer.
  • No, César. Esto es lo que NO debes hacer. ¿Sabes? Estás yendo a una trampa de la que no podrás escapar. Y esta herida que tienes va a ser la más diminuta que te harán. ¿Ya está cerrando? ¿Funcionaron los sueros? ¡Pues te abrirán ocho más!
  • Te voy a hacer una pregunta…
  • ¿Cuándo te he hecho caso en estos quince años?
  • Y si me clavan agujeros, pues tendré muchos oídos para escucharte. Pero ninguno lo hará. ¡Morirás conmigo!

            César se retira los anteojos infrarrojos. Comienza a amanecer y la carretera dibuja bellos trazos, como canales bajo un mar transparente. “Sí, el problema es que estos días me está gustando la vida”.

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