Quiero empezar esta breve nota señalando que, aunque (todavía) no pretendo desarrollar un artículo académico sobre el presente título, el tema sobre el que voy a tratar en dos o tres oportunidades ya tiene algunos referentes en la investigación universitaria. Para muestra, una tesis doctoral de la universidad de Murcia sobre animes como Full Metal Alchemist.   La razón para justificar este hecho es muy sencilla. La popularidad  de un producto no solo está relacionada con temas baladís o básicos. También se trata de un estilo, de una forma especial para contar las cosas y un reflejo de los valores de la época en que surge la historia, los cuales se pueden volver universales según evoluciona el discurso de la civilización. Tal y como Homero lo hacía ante un público absorto que le arrojaba las monedas para su sustento diario, así también la emoción de una buena historia es lo que termina generando adhesión a la misma el día de hoy. Por tal motivo, negar o discriminar el valor intrínseco de personajes ficticios de la cultura popular en general o el anime en particular es un error tan grande como considerar que solo los artistas tienen sensibilidad. Esto, por supuesto, además de un error, es un grave problema mental y social.

Empecemos

En el mundo en que vivimos, se ha pasado de una cultura localizada a una global. Es muy sencillo, para alguien que ha crecido en los años setenta y ochenta, identificar ciertos íconos, como el Capitán FuturoSúperagente Cobra, RobotechAstroboy, Mazinger Z, Candy Candy o Lady Oscar  (aunque los dos primeros no sean productos tan indicados para niños y los siguientes serían observados el día de hoy por su violencia innecesaria y comportamiento sospechoso).

El detalle importante es que, a pesar de haberse superado el número de producciones, así como la complejidad de las historias, el día de hoy todavía se reconoce a ciertos “clásicos” en el anime que, a pesar de no estar localizados en la programación regular de la mayoría de hogares, son objeto de búsqueda por parte de los fans y fortalecidos en visibilidad a través de memes. Así, pues, no es raro haber visto películas como Akira, El viaje de Chihiro o Ghost in the Shell (esta última, protagonizada en su versión live-action por Scarlett Johansson). Por otra parte, es común haberse tropezado con algún capítulo de Dragon Ball (en sus distintas ediciones), Ranma 1/2, Evangelion, One Piece, Rurounin Kenshin (también conocido como Samurai X), Bleach, Naruto, Saint Seiya o Full Metal Alchemist.

Aunque esta lista puede extenderse significativamente, son personajes vivos y dispuestos en la cultura popular con atributos y valores reconocibles en su propuesta. Todos ellos responden a un determinado espíritu de su época, pero también a una relación intertextual con relatos clásicos de la literatura universal. Procederé a mostrarles un ejemplo con el anime Dragon Ball, tomando en cuenta las múltiples ediciones del mismo.

Un caso significativo: Vegeta y Héctor

No es el protagonista de Dragon Ball. Tampoco es el pícaro ordinario que acompaña a un héroe de gran valía (el protagonista tampoco es un héroe, si consideramos que su prioridad siempre ha sido encontrar rivales más fuertes). Sin embargo, tiene algunos rasgos que cada vez nos agradan más:

  1. Proviene de una sociedad orgullosa por su valor y fuerza (los Saiyayin).
  2. Defiende los ideales de su patria más allá de su propia vida.
  3. Es el eterno rival de un personaje más fuerte que él (Goku).
  4. Cuida de su familia y está al pendiente de ella. Razones: (a) acompañó a su esposa mientras estuvo embarazada en Dragon Ball Super, cosa que nunca haría Goku y  (b) abrazó a su hijo antes de sacrificarse por el mundo.

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En la Iliada, escrita miles de años antes que Dragon Ball, Héctor, antagonista de la historia, mantiene esos mismos rasgos:

  1. Proviene de una sociedad orgullosa por su valor y fuerza (los Troyanos).
  2. Defiende los ideales de su patria más allá de su propia vida (incluso reclama a su hermano Paris por no compartir esos ideales).
  3. Es el eterno rival de Aquiles, a quien nunca pudo ganar en combate.
  4. Cuida de su familia y está al pendiente de ella (abrazó a su esposa e hijo antes de salir a una muerte casi segura, lamentando la suerte que les tocaría luego de su derrota).

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Héctor y Vegeta no son personajes inalcanzables. Tienen orgullo, habilidad y valores obtenidos a base de esfuerzo. Son humanos en el sentido más puro del término. Y una comprobación de ello es que sentimos su sufrimiento e ideales a través de una coraza de aparente machismo. Por tal motivo, causa gracia que un príncipe de otro mundo con poderes absolutos se convierta en un esposo abnegado o un padre cariñoso. Ese es el legado que ofrece también a todos los niños que crecieron viendo Dragon Ball Z pensando en la competencia por saber quién era más fuerte, para luego encontrarse con situaciones de pareja y familia en Dragon Ball Super. Probablemente esos cambios inspiraron este fanmade en el que Vegeta destruye el planeta Venus para hacer sonreír a su esposa.

Vegeta and Bulma #Love #DBZ:

Apéndice: Aquiles y Goku

A pesar de la emoción que causan Aquiles y Goku, debido a la trascendencia en sus respectivas historias y relativa invulnerabilidad frente a sus pares, son personajes mucho más planos y menos comparables con las personas reales. Aquiles peleó por gloria. Goku lo hace porque le gusta. La guerra de Troya o el destino del mundo son solo aspectos colaterales para ellos. Aquiles dejó la guerra porque lo habían ofendido. Y luego volvió a ella porque habían matado a su mejor amigo. Goku, por su parte, tiene un historial de decisiones que podemos calificar de irresponsables:

  1. Dejó escapar a Vegeta cuando este ya había sido derrotado y podría volver para vengarse no solo de él, sino de todo el mundo.

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  2. Abandonó la pelea con Freezer porque perdió interés en él como rival, dejando la pelea inconclusa y con un desenlace funesto.

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3. Dio de comer una semilla del ermitaño a Cell, sabiendo que era una amenaza para todo el mundo.

 

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¿Continuamos? Me gustaría saber sus opiniones y críticas. Asimismo, queda pendiente un compromiso con algunos de los casos que hemos mencionado en esta primera parte.

Un saludo cordial