Amo las líneas cansadas

de la mano de mi madre

apagando la tetera

con el trapo zurcido

por la hacienda de sus manos…

Adoro su enorme cuchara

alisando el sabor de mi sopa,

mientras su voz

de ceniza guardada

en el cesto de pan,

me anuncia un segundo plato…

Amo la cuarta parte

de su rostro cansino,

siendo redimido

por los rayos del sol

en atardeceres color naranja…

(ese trazado añejo en

ojos, mentón y manos

solo comparables a

su samaritano mandil)

Adoro su andar lluvioso

anunciando un lavado de pies

en una tina oxidada

y la brillantez de su varices

entre vahos de sal…

Amo la vieja cicatriz

en su brazo derecho

y ese olor suyo de uñas

y cabellos recién cortados,

que enternecen hasta

el más cruel de mis órganos…