La primera vez que escuché que la poesía tenía su día fue en las aulas de San Marcos, en los remotos primeros años del siglo XXI. Aquella vez teníamos clases con el gran poeta Pablo Guevara Miraval a las 11:00 de la mañana. Una de esas experiencias que refrescaban el espíritu y en las que el número de asistentes solía duplicar o triplicar a los matriculados, debido al ingenio, el ánimo y la picardía de quien fue uno de nuestros más entrañables maestros.

Al llegar al aula, Pablo nos comentó que lo habían invitado a un recital en la Municipalidad del Callao con motivo del día Mundial de la Poesía.

– Imposible -les dijo.-Tengo clase de Poesía Peruana A en San Marcos.

– Pero eso no es un problema, Pablito. Contratamos un bus para llevarlos a todos.

– ¿A todos?

– Claro que sí. Además, sería como una actividad del curso.

Así que gracias a Pablo Guevara conocí a la Municipalidad del Callao, celebré el día Mundial de la Poesía en una clase que duró algo más de cinco horas y conocí a algunos futuros colegas que el día de hoy trabajan en la Casa de la Literatura Peruana. Y aunque para aquellos años ya había publicado mi primer libro y participado en una u otra revista, el nombre “poesía” me resulta tan difícil de comprender como el día de hoy, en que dedico tres semanas por ciclo para convencer a mis estudiantes que la poesía peruana -sin mucho esfuerzo- se encuentra entre las cinco mejores del mundo.

Pero, entonces, ¿Qué caracteriza la poesía? ¿La musicalidad, condensación y emoción, como declara el video de Melissa Kovacs?  ¿El aniego de significados según las lecturas que se dan del poema? ¿El juego con la palabra para crear realidades sin tener que narrar historias? ¿La libertad para expresar mucho en lo poco? ¿El arraigo popular o la autonomía temática? ¿Las coincidencias humanas que giran alrededor de recuerdos que el poema despierta? ¿Las vivencias futuras que se visionan a través de palabras que trascienden la referencialidad más llana? ¿El efecto embriagador tras (creer) desenredar un poema difícil? ¿La identificación que sentimos con un poema entrañable, que comparamos con el licor más sofisticado o el dulce más empalagoso?

El término poesía, en sí mismo, es un sinónimo de hacer. Es un género literario al que le incumbe todo y que, por el devenir de la historia, se ha asociado con aquellos momentos más íntimos y propios; pero que, lejos de quedarse allí, desembocan en los trabajos más complejos e inverosímiles para representar emociones de una forma nueva. Por lo tanto, solo hay poesía cuando imprimimos nuestra propia identidad en lo que escribimos. Cuando aprendemos, aunque sea por momentos, a ser auténticos. Y cuando esa autenticidad es capaz de decirnos las cosas de una forma distinta. Para mí, la poesía es el sentido más original para ser nosotros mismos. Para estar realmente conectados y en sintonía con nuestra propia música, haciendo eco o contrapunto en las de los demás.

El día de hoy quiero enviar un saludo muy especial a nombre de todo el equipo de Retratos abiertos por el Día Mundial la Poesía, establecido por la UNESCO. Una valiosísima oportunidad para ser auténticamente humanos.


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