Akira es un nombre relativamente común en Japón. Un detalle genial para una película que protagonizan personas comunes y corrientes en situaciones extraordinarias. Uno de tantos aciertos de Katsuhiro Otomo, autor de la historia original, que le permitieron combinar la trascendencia del poder ilimitado con la declaración metafórica de Eric Fromm sobre la actitud depredadora que tiene el hombre sobre sus semejantes. ¿Qué hacer cuando una persona ordinaria es bendecida con capacidades que trascienden las fuerzas del orden, las ideologías y hasta las creencias de multitudes? Una posible respuesta se halla en Akira, película estrenada en 1988 y que da origen a una veta cinematográfica del poder absoluto, con producciones como Chronicle (2008), Lucy (2014) o Trascendence (2014).

Lo más interesante de Akira es que, a diferencia de sus seguidoras, con actores de carne y hueso, puede ser explicada más entrañablemente como la historia de dos amigos que se vuelven a ver después de mucho tiempo (como dijo el propio Otomo al ser entrevistado sobre su historia), aunque con el detalle de que uno de ellos -el más débil física y moralmente- había sido objeto de experimentos para replicar parcialmente el fenómeno Akira. Un mítico ser que había causado una gran devastación años atrás y que se había convertido en leyenda urbana, objeto de culto por sectas que buscaban la restitución del orden en Japón y la envidia de Tetsuo, el conejillo de indias de un Japón futurista inhumano, delincuencial y opresor.

Otros detalles que acompañan la bella sencillez de Akira es la forma en que sus dos horas son dedicadas a explicar escrupulosamente la vida de una gama de personajes secundarios que se encuentran sutilmente unidos por una auténtica comunidad. Espacios en los que Kaneda, el mejor amigo de Tetsuo y verdadero protagonista de la película, se va a ver envuelto, abriendo un retablo de ideologías, facciones y metas ajenas. Objetivos en los que se ve envuelto artificialmente, pues, muy en el fondo, Kaneda únicamente desea liberar a su amigo del descontrol y del daño que va ocasionando a sus seres queridos y  a todo el mundo.

Akira es, en sí mismo, un clásico digno de ser replicado y adaptado a una sociedad que grita por valores más sencillos y humanos. El hecho de que haya sido escrita como manga y llevada al cine a través del anime son circunstancias felices, pues nos dan la oportunidad para darle un lugar en nuestros corazones y una oportunidad para conocerla o redescubrirla.