La presente reflexión no pretende tener una rigurosidad científica, sino solo la garantía de una intuición feliz. El lector se preguntará ¿cuál es la relación entre el arte y nuestras queridas mascotas: los perros y gatos? Me atrevo a asegurar que existe la siguiente: Mientras que nuestro acercamiento utilitario al arte se parece más a los perros, el arte por el arte se parece más a los gatos.

La comparación es pertinente. Si nos ponemos a pensar, el cariño y lealtad que nos tienen los perros responde a nuestra correspondencia de alimentarlos y darles cariño; esto es semejante a nuestra cercanía al arte cuando lo usamos de pretexto, es decir con algún fin utilitario, para que nos diga lo que queremos ver y oír, lo políticamente correcto. Mientras que los gatos, más independientes, cuyo afecto a nosotros no está supeditado a lo que hagamos con ellos, ya que son ellos los que nos escogen como sus dueños, se parecen en actitud a nosotros cuando dejamos al arte ser principalmente aquello para lo que fue hecho: puro deleite estético.

Sin tratar de reducir todo a simples dicotomías, dejo esta simple reflexión sobre la curiosa asociación entre esperar algo del arte (semejante a la relación de nuestros perros con nosotros), diferente de la independencia estética que se parece más a nuestra relación con los gatos.