Queridos lectores:

Les comparto el tercer adelanto de mi novela Los exiliados. Fines y reinicios de la Tierra. Espero que sea de vuestro agrado.

III

  • Antes de recogerlos, debemos saber si es seguro -sentenció César.
  • ¿Y qué tan insegura puede ser una universidad? -inquirió Lena.
  • No me refiero tanto al lugar, sino a mí. Concluyó César… Tú eres la única persona que puede controlarme si algo pasa y sin mayor riesgo. Todos los demás podrían ser dañados.
  • Entonces, déjame entrar a tu mente para ver qué hay allí.
  • Espera, Lena -interrumpió Juvy-. Si deseas ingresar a una mente manipulada podrías encontrarte con defensas muy poderosas.
  • ¿Crées que no puedo defenderme? -preguntó Lena a la androide.- He manipulado seres más poderosos que Marty.
  • Es verdad, querida Lena. -acotó César.- Sin embargo, no has ingresado directamente a la mente del monstruo para explorarla. Hay una diferencia entre dar una orden y explorar abiertamente… Y mi mente no es exactamente ordinaria.
  • Es verdad, Lena. Las lecturas que tengo de César son atípicas. Es como si tuviera varias mentes en colisión.

¿Varias? Esa palabra se puede negar, rumiar o dramatizar. Pero la atención de César estaba en la cadena de posibilidades ante ese hallazgo. Durante quince años solo había luchado contra una de ellas. Tal vez visitar a Néstor, especialista en la mente y único contacto con su pasado, podría ser un error.

  • César, aunque sea razonable y prudente no explorar tu mente antes de una desprogramación podría ser más peligroso todavía. Y tú, más que nadie, sabes que los riesgos son necesarios.

César desaceleró y detuvo el automóvil muy despacio. En la lejanía no se escuchaba el sonido de ningún ave o vehículo cerca de ellos. Desarrolló un rápido inventario de tareas en su computadora, considerando la contingencia de que Lena tuviera que seguir solamente con la androide.

  • No debes preocuparte tanto, corazón. Lo que hay dentro de ti no puede ser tan malo. Si hay amor, lo demás no importa.
  • Amor es una palabra que debes buscar allí dentro, querida Lena. No sé qué forma tendrá, pero estoy seguro de que sabrás encontrarlo.

En el horizonte rayaban los primeros atisbos de claridad que les hacía recordar el sol ocultado hacía quince años. Allí se recostó Lena, exhalando un hondo suspiro para encontrarse con alguien que no solo había visto el sol más años que ella, sino también uno de los responsables de que ya no los acompañe.