“Si fueran de otro país lo entendería, pero el hecho es que no son de este planeta”.

Personaje de District 9.

  1. A manera de introducción

Sin lugar a dudas District 9 (2009) de Neill Blomkamp no es una película de extraterrestres más. Me parece que intenta ir más allá del lugar común y corriente al que nos tiene acostumbrados los estudios cinematográficos de Hollywood, y plantea hábilmente una suerte de crítica social soterrada. Crítica que interpela al espectador y lo obliga a cuestionar su propia existencia y la relación que establece con los demás.

Desde el inicio, esta película se distancia de sus predecesoras en lo referente a narrar una historia sobre extraterrestres. Un corresponsal de noticias irónicamente comenta lo extraño que resulta que estos visitantes no se hayan posado sobre Chicago, New York o cualquier otra ciudad norteamericana (como ocurre en casi todas las películas sobre este tema que elabora Hollywood). Estos extraterrestres han escogido Johannesburgo, Sudáfrica.

Creo que la intencionalidad de situar el film en un país que no pertenece al Primer mundo obedece a otro orden de cosas. Sudáfrica no ha sido escogida al azar; después de todo, este país arrastra el triste mérito de haber sido el lugar donde las prácticas del apartheid estuvieron por mucho tiempo vigentes. ¿Eso significa que esta película puede leerse como una lección a los sudafricanos por su actitud del pasado respecto a la segregación étnico-racial? Pienso que la intencionalidad va más allá. Lo que se propone esta película es evidenciar “algo” que está escondido en nuestro inconsciente social. En este sentido hago mías las palabras de Víctor Vich cuando explica:

El cine, se ha dicho, es el lugar donde se revela el inconsciente colectivo, donde aparecen las representaciones que nos articulan como una comunidad. De manera análoga a los sueños, el cine es ese espacio donde lo latente aparece representado simbólicamente y, desde ahí, podemos observar las maneras en que se han producido nuestros vínculos identitarios. (2006: 51)

En efecto, el cine funciona como una especie de pantalla fantasmática que posibilita la visualización de una serie de problemáticas que siguen afectando a la sociedad contemporánea. En este sentido, Disctrict 9 más que hablarnos acerca de una cuestión imaginaria, nos plantea afirmaciones acerca de nuestro tiempo y nuestra realidad.

  1.  Caídos del cielo

(Argumento del film)

Estamos en Johannesburgo, Sudáfrica, 1982. Una enorme nave extraterrestre se detiene inexplicablemente sobre una de las cuarenta áreas metropolitanas más grandes del planeta, donde el contraste entre clases sociales es abrumador. Pasan los días y los seres humanos deciden contactar a los visitantes. Se trata del primer contacto con seres de otro planeta. A medida que el tiempo trascurre, la expectativa crece. La humanidad entera espera luces, música celestial, tecnologías asombrosas (a la manera de las películas de Spielberg). Sin embargo, la realidad es otra. Lo que aparece en el interior de la nave es inconcebible: humedad extrema, mugre, enfermedad, pobreza y lo que parece ser una colonia alienígena de trabajadores desnutridos, débiles y a punto de morir.

Sudáfrica debe hacer aquello que es (políticamente) correcto: acoger a los recién llegados. Dispone para esto de toda una maquinaria de rescate; es así que a estos visitantes se les proporciona alimento, medicinas y se los ubica en la zona sobre la que se posó su nave (que será conocida a partir de ese momento como el Sector 9).

Con los años la convivencia entre seres humanos y extraterrestres se torna insoportable. El pueblo que los acogió amablemente en un principio ahora desea que se marchen. Se producen una serie de protestas en contra de ellos y al final se les recluye en el espacio que les designaron (enormes alambradas los separan de la ciudad). Sin embargo, esto simplemente agudiza la situación. Según los lugareños, “los langostinos” (nombre con los que se les llama comúnmente) son viciosos, violentos, desalmados, sucios y aberrantes. Cualquier tipo de convivencia es imposible y se hace necesario reubicarlos lejos de las poblaciones humanas.

La MNU (Multi-Naciones Unidas) es la firma que trasladará el Sector 9 a un área menos poblada. El encargado de dirigir la operación es Wikus Van De Merwe, quien, en plena reubicación, abre una especie de lata cuyo contenido le salta al rostro e incluso traga. A partir de este accidente, inexplicable y asombrosamente, Wikus empieza a experimentar una trasformación que lo llevará a convertirse en un extraterrestre más.

  1. Marchas y contramarchas

(Las estrategias narrativas)

 La historia del relato es narrada a partir de dos niveles. Un nivel diegético en el que se desarrollan los acontecimientos principales de la historia. Y, un segundo nivel, hipodiégetico, que se manifiesta en las informaciones que proporcionan los reportes noticiosos (casi paralelos a los acontecimientos mismos de la historia) y los documentales (posteriores) que intentan explicar lo que le sucedió a Wikus.

Esto es interesante porque el espectador tiene a disposición dos registros a partir de los cuales puede reconstruir la historia que se le está narrando (evidentemente esto para hacerse un juicio real de los hechos). No solo es la puesta en escena de las peripecias que experimenta Wikus en su trasformación como alienígena, sino que, además, se tiene la información que proporcionan la prensa y, luego, los saberes expertos (sociólogos, antropólogos, médicos, etc.) mediante los informes y documentales.

Me parece interesante, repito, porque el espectador tendrá a la mano la fuente real de la información y esta se verá contrastada con reportes de noticias o las explicaciones que intenten formular los científicos. Por un lado, nos encontramos con la enorme manipulación y tergiversación que se hace de los acontecimientos ocurridos y, por otro, tenemos el forzamiento de los saberes humanos intentando interpretar aquello que ocurre. Es decir, intentando darle un sentido, una justificación significativa En palabras de Pierre Bourdieu:, estamos asistiendo a una operación de violencia simbólica. Citemos una escena de la película:

Escena: Wikus ha logrado escapar de las instalaciones medico militares en los que se le empezaba a utilizar como pieza clave en el manejo de las armas decomisadas a los extraterrestres. Cubierto por una manta, al estilo musulmán, llegó a un restaurante de comida rápida: pide que le vendan una hamburguesa. De pronto, la gente que también estaba en el establecimiento contempla en la televisión el rostro de Wikus. El reporte dice que está gravemente enfermo debido al contacto sexual con los alienígenas, es contagioso, se recomienda que se debe estar a treinta metros de él. Aparece una imagen: Wikus teniendo relaciones carnales con una alienígena (la imagen que se aprecia sugiere que son relaciones anales). La gente que observa todo esto en el restaurante pasa del horror al espanto y huye

La escena anterior es reveladora en el sentido que muestra cómo aquello que se mueve en los medios es una versión interesada de los hechos. Pero lo que resulta más interesante notar es la actitud de la gente ante la noticia vertida. Estas personas se asustan cuando escuchan que ese hombre está enfermo, pero entran en pánico cuando les dicen la razón por la que enfermó. Aunque sería lícito preguntarnos si en verdad el horror no viene del contacto entre seres humanos y extraterrestres. Creo que sí, por eso la imagen de Wikus teniendo relaciones anales con una alienígena es insoportable. No solo muestra lo prohibido, sino que lo exagera, convirtiéndolo en algo intolerable.

  1. De visitantes asombrosos a residentes obligados

(Los extraterrestres también son subalternos)

 A lo largo de su existencia, Hollywood ha elaborado una serie de representaciones sobre lo alienígena. Es así que puede hablarse acerca de un archivo y un repertorio determinado. Cientos de películas que han abordado el tema y que nos presenta extraterrestres que van desde el invasor malévolo y peligroso que sueña con conquistar La Tierra hasta el personaje digno de ternura y comprensión que solo desea regresar a su hogar. Pese a esta variedad, se puede afirmar que el ideal que se tiene acerca de este visitante lo posiciona en un lugar superior a la de la especie humana (fundamentalmente gracias a su gran intelecto).

District 9 es la diferencia. En el mundo posible que enuncia la película los extraterrestres son descritos como seres débiles y manipulables, enfermizos y viciosos (ni siquiera poseen la capacidad de regresar a su casa). Desde el paradigma de los Estudios Subalternos puede decirse que son un otro sin importancia, un sujeto subalterno o subalternizado y, como tal, lo dijo bien Gayatri Spivak (1999), está imposibilitado de hablar.[1] Antes de seguir creo que es necesario recordar lo que se entiende por un sujeto subalterno. Víctor Vich y Virginia Zavala nos explican que el sujeto subalterno es “un sujeto relacional construido por la jerarquía y con una real asimetría en el ejercicio del poder […] No es entonces un sujeto trascendental ni unitario sino más bien uno desplazado que se involucra con cuestiones de raza, género, nacionalidad, etc.” (2004: 101).

Los extraterrestres como tales no forman parte de la malla simbólica que estructura la sociedad. Son singular. Sin lugar. Sin embargo, ante su incapacidad de oponer resistencia, serán condenados a formar parte de la estructura social. Evidentemente ocuparán un lugar sin importancia. Es así que se convertirán en el “otro” de los seres humanos.

Y por ser precisamente “el otro” es necesario protegerlo, cuidarlo, salvaguardarlo. Es en este contexto que el desalojo que pretende realizar la MNU no puede hacerse por la fuerza, sino que se debe lograr con el consentimiento de los afectados. Resulta más que interesante ponerse a reflexionar sobre las escenas que relatan la incursión de estos burócratas en el Sector 9. Van acompañados de soldados (incluso tienen apoyo aéreo). Golpean puertas; entran por la fuerza si es que nadie les abre; constantemente confrontan la vida humana con la vida de los alienígenas. Esta situación se observa sobre todo en Wikus que realiza una especie de tour, con ayuda de un camarógrafo, mostrando las peculiaridades de la vida de los extraterrestres. Muestra la intimidad de ellos, la forma en que se reproducen, expone sus supuestos vicios. Citemos:

Escena: Wikus, su asistente (que porta una cámara) y un soldado han llegado hasta la vivienda de Christopher Johnson (un alienígena). Encuentran al hijo de este jugando. Wikus le arroja una golosina como quien se la arroja a un mono o un perro. El niño le devuelve violentamente el regalo y estropea la ropa de Wikus (este ordena que apaguen la cámara). El soldado le quiere disparar al infante, pero en eso sale Johnson y todo vuelve la calma. Wikus le comunica el desalojo y le pide que firme un papel. El alienígena se niega. Él no desea dejar el lugar. Se siente bien allí. Wikus insiste, pero Johnson argumenta que tiene derechos, que debe haber un preaviso, que nadie lo puede sacar así nomás. Entonces el soldado quiere intervenir, pero Wikus lo detiene con un gesto. Wikus, mirando al niño, le pregunta a Johnson si tiene permiso para tenerlo en esas condiciones, lo amenaza con quitárselo si es que no firma el papel.

Prestemos atención a la escena porque muestra cómo se manejan en realidad las cosas en la diégesis del mundo representado en la película. Los funcionarios de la MNU no han ido a convencer a los extraterrestres de que desalojen el lugar. Simplemente los desalojarán. La firma en el papel es apenas un mero formulismo para quedar bien con las autoridades y los organismos internacionales. Sin embargo, no todos los alienígenas pueden ser fácilmente engañados. Algunos, como Johnson, se resisten a aceptar golosinas o comida de gato (el alimento favorito de los visitantes). Sin embargo, si esto fracasa se tiene por un lado la fuerza de la violencia física (los militares que acompañan la expedición de los burócratas) o sencillamente el derecho y la ley.

  • Los langostinos

La gente entrevistada por los medios constantemente llama “langostinos” a los extraterrestres. ¿Qué implica esta operación de nominación? Pues bien, estamos ante una práctica de poder que convalida una jerarquía. El que posee el poder puede nombrar a aquel que no lo tiene. Es decir, que aquel que es nombrado ha sido reducido a la condición de un animal, objeto o cosa.

El nombrar hace que “posea” el objeto, lo hace de “mi” pertenencia. Esta práctica no solo equivale a asumir que lo que se nombra no tenía nombre antes o que, sencillamente, no importa que lo haya tenido porque en el mundo que “me pertenece” no tiene ninguna clase de valor.

Algo más: llamarlos langostinos no solo es homogeneizarlos, sino que es equipararlos con insectos, con plagas, con desastres y calamidades. En otras palabras, nombrarlos de ese modo implica colocarlos en una posición de inferioridad y menosprecio. En el mundo posible que actualiza el film un policía de alta graduación dice sin ningún asomo de vergüenza: “Nadie puede decir que no lo parecen. Porque eso es lo que parecen”. Esta es la manifestación misma del triunfo de la ideología del grupo de poder. No es necesario aplicar la razón porque como dice Zizek: “Una ideología ‘se apodera de nosotros’ realmente solo cuando no sentimos ninguna oposición entre ella y la realidad –a saber, cuando la ideología consigue determinar el modo de nuestra experiencia cotidiana de la realidad” (1992: 92).

  • Sector 9. Versión 2009 de un campo de concentración

Los langostinos pasaron de ser huéspedes a visitantes obligados. Por eso, recordemos, se alambró los límites del lugar. No para protegerlos, sino para que los seres humanos se protegieran de ellos. Ahora están hacinados, perdidos en medio de despojos y desperdicios, en medio de su miseria.

En este sentido se hace productivo reflexionar acerca del Sector 9 como espacio ideológico. Una vez que han sido trasportados al suelo, los alienígenas empiezan a recibir ayuda. De este modo, la cámara nos presenta una panorámica que permite visualizar las innumerables tiendas de campaña desplegadas a lo largo del lugar. Sin embargo, instantes después, la panorámica también revela los alambrados que han sido colocados alrededor de este inmenso campamento. Es en este gesto que nos podemos hacer una idea de la condición real que los seres humanos le han conferido a los alienígenas: son prisioneros.

Si bien es cierto que estos campamentos nos hacen recordar a los que se instalaron en las últimas décadas en el África a causa de las guerras entre tribus locales. También se puede pensar en otro espacio ideológico repetitivo de nuestra historia: el campo de concentración. Giorgio Agamben explica:

El campo es, así, la estructura en la cual el estado de excepción, sobre cuya posible decisión se funda el poder soberano, puede realizarse establemente. Hannah Arendt ha observado que en los campos emerge a plena luz el principio que rige el dominio totalitario y que el sentido común se niega obstinadamente a admitir, es decir, el principio según el cual “todo es posible”. Sólo porque los campos constituyen, en el sentido que se ha visto, un espacio de excepción, en el cual la ley está suspendida integralmente, en ellos todo es verdaderamente posible. Si no se comprende esta particular estructura jurídica-política de los campos, cuya vocación está en realizar establemente la excepción, lo increíble que en ellos ha sucedido permanece ininteligible por completo. (1995)

El campo de concentración es una práctica ideológica que no puede identificarse con un régimen social determinado. Su figura se ha repetido en diversas versiones, pero que coinciden en instaurar ese estado de excepción al que se refiere Agamben. La ley está suspendida. Aquí todo es posible. En este lugar, puede decirse que se está en un no lugar. Por ello, lo podemos ligar a lo real (en el sentido Lacaniano del término). En esta línea de interpretación, es un núcleo traumático que regresa siempre e interpela la base misma de nuestra sociedad.

  1. Los robadores de goce

¿Por qué los sudafricanos, blancos y negros, reaccionan mal en contra de los alienígenas? ¿Qué hay detrás de todo eso? Pues bien, me parece que aquí es oportuno citar a Zizek cuando dice: “Lo que está en juego en las tensiones étnicas es siempre la posesión de la Cosa nacional: ‘el otro’ quiere robar nuestro goce (destruir nuestro ‘modo de vida’), o tiene acceso a algún goce secreto, perverso, o una cosa y otra” (2000: 271).

Como hemos visto líneas atrás, “el otro”, en el mundo representado del relato, son los alienígenas. Si bien es cierto, al inicio fueron acogidos amablemente, casi de inmediato entraron en conflicto con los seres humanos. Resulta interesante fijarse que en las escenas que muestran a un supuesto grupo de entrevistados, estos empiezan a coincidir en varios rasgos que aparentemente le son propios a los extraterrestres. Son piromaniacos (les gusta provocar incendios), son destructivos, voraces, desordenados, sucios, violentos, locos por la comida de gato. Zizek explica: “lo que nos pone nerviosos, lo que realmente nos molesta del ‘otro’, es el modo en el que organiza su goce (el olor de su comida, sus cantos y danzas ‘ruidosos’, sus costumbres extrañas, su actitud respecto del trabajo que nos roba nuestro puesto, o un vago que vive de nuestro esfuerzo” (2000: 271).

Ahora entendemos por qué la gente está tan molesta con los visitantes. Una señora de rasgos afrodescendientes reclama que el dinero que se invierte en mantenerlos debería ser ocupado en cosas más importantes (por ejemplo, en ella, le faltó decir); otro ciudadano afirma que los extraterrestres se han llevado a su mujer; otro expresa que roban zapatillas de marca y que después te matan; otro, que se debería arrojar una especie de virus para erradicarlos. De algún modo, los “langostinos” son los responsables de todos los males de la sociedad.

Ahora bien, ¿en realidad los alienígenas son tan nocivos como toda esa gente cree y afirma? Lo que sucede es que estos “otros”, los extraterrestres, son utilizados para cubrir la falta de la sociedad. Siguiendo a Zizek (1992), quien se refiere a lo judíos, puede afirmarse que en esta narración el sentimiento antialienígena obedece al desplazamiento del antagonismo social a la confrontación entre el cuerpo social y el extraterrestre. La fantasía social ideológica consiste en imaginar la sociedad como una unidad en la que los antagonismos, la lucha de clases no existe. Pero, a la par también resulta en imaginar que el que no es igual a uno, “el otro”, es el causante del desorden y de todo lo malo que ocurre. La fantasía está entonces en creer que alguna vez “todo” estuvo bien cuando en realidad ese estado de cosas es imposible.

En este orden de ideas, el extraterrestre es también una especie de chivo expiatorio que carga con todas las culpas de la sociedad. Se puede decir, siguiendo a Zizek, que es el síntoma de la sociedad. El síntoma que actualiza la persistencia de ese real que regresa constantemente y que no se quiere aceptar. Es fácil echarle la culpa a alguien como el causante de los problemas propios; es más difícil preguntarse por las verdaderas causas que los originan.

Algo que agregar: el registro visual de la cámara privilegia los momentos que reafirman aquello que descalifica a los alienígenas. No se los enfoca trabajando o realizando otra actividad; siempre están en una perpetua búsqueda de comida, en un continuo crear la violencia, devorando carne, mendigando por una lata de comida de gato. Sin embargo, debe recordarse que es la cámara de los noticieros o de los informes documentales. Con este gesto visual se reafirma la naturaleza manipuladora no solo de los medios, sino del saber experto que necesita que “ese problema” de los alienígenas siga siendo un verdadero problema (para que de esta manera se justifique la intervención de este saber experto en la sociedad).  En el film, un antropólogo dice: “es una comunidad de trabajadores. No piensan por ellos mismos, solo reciben órdenes. No tienen iniciativa”.

  1. Los extraterrestres no son tan extraterrestres

(District 9: una película realista)

¿Puede argumentarse que District 9 es una película de Ciencia Ficción más? Pues yo creo que se debe problematizar en este aspecto. Sugiero que este film puede ser inscrito en aquello que se denomina el realismo intencional. Es decir, en ese realismo posterior al siglo XIX, y que estaba encaminado a la creación de mundos y a la donación de sentido realista a un texto concreto que se integra a la experiencia del mundo de los lectores (o, en este caso, los espectadores). Como bien dice Sergio R. Franco (2000), en este tipo de realismo el texto induce al reconocimiento pragmático a partir de diversos realemas (el conjunto de elementos formales y semánticos integrados en un específico repertorio cultural que produce una impresión de realismo).

En District 9 es evidente que se intenta crear una alusión al mundo contemporáneo y que se utiliza a los extraterrestres como pretexto. Esa actitud de rechazo y odio hacia “el otro” que es el alienígena, reproduce la descomunal cadena de sojuzgamientos e injusticias que se han perpetrado en contra de aquellos “otros” que siempre han vivido entre nosotros, que son parte de nosotros. Por eso District 9 obedece a la intención de crear un mundo posible en el que los espectadores deben reconocerse y reconocer su propio devenir histórico.[2]

Bibliografía

Agamben, Giorgio.

1995 “¿Qué es un Campo?”. Revista Sibila, Nº 1. Enero de 1995. En: http://www.elcultural.com/eva/literarias/agamben). Consultado el 12 de octubre de 2017.

Evans, Dylan.

1996   Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano. México: Paidos.

Franco, Sergio R.

2000   A favor de la esfinge. La novelística de Eielson. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Vich, Víctor Vich y Zavala, Virginia.

2004      Oralidad y poder. Herramientas metodológicas. Bogotá: Editorial Norma.

Vich, Víctor.

2006   “Gestionar riesgos: agencia y maniobra en la política cultural”. En: Políticas culturales. Ensayos críticos. Guillermo Cortés y Víctor Vich (editores). Lima: IEP-INC.

Zizek, Slavoj.

1992   El sublime objeto de la ideología. México: Siglo Veintiuno editores.

2000   Mirando el sesgo. Una introducción a Jacques Lacan a través de la cultura popular. Buenos Aires: Paidos.

[1] No es que, estrictamente, no pueda hablar, sino que su palabra no alcanza el nivel dialógico ni accede a un lugar enunciativo. Rocío Silva Santisteban explica: “No es que el subalterno no hable […], sino que su voz no tiene representación política alguna. Sus gestos y su forma de expresarse no tienen interlocutor. Su discurso no tiene poder” (2006:135).

[2] En Nigeria el film fue censurado por mostrar a una banda de nigerianos criminales y caníbales, cuyo líder comparte apellido con el anterior presidente de ese país, Olusegun Obasanjo.