Un cometa de cola lustrosa y mucha autoestima se preparó toda su vida para estrellarse en la Tierra. Aceleró la marcha durante los meses previos. Calculó el máximo daño posible. Condenó la humanidad al olvido, salvo el testimonio de su cráter, el cual haría que lo estudien más a él que a sus víctimas.

De pronto, le llegó la transmisión de un grupo de diarios de su planeta elegido: “¡Fin del mundo!” “¡Cometa se estrellará en la Tierra!” “¡No quedará nada!”

Consciente de su poder y fama, se compadeció de la humanidad y decidió desviar el rumbo, esperando las aclamaciones de los terrícolas al pasar cerca de su planeta. Sin embargo, ellos se limitaron a reírse de los titulares y usar su noticia impresa para limpiar las jaulas de las palomas y secar los zapatos antes de ingresar a los colegios en los días de lluvia.