Estimados lectores:

Comparto con ustedes un cuento sobre las elipsis de la vida, aquello que no sabremos a ciencia cierta de manera completa, como la dicotomía entre el ser y el parecer. Espero sea de su agrado.

María Bárbara era una muchacha tímida, dulce, con la sonrisa siempre en los labios, un poco distraída quizá, pero esa sería la única marca que evidenciaría su delito, aquel incidente ocurrido en un tiempo casi inmemorial. O así lo asumía ella. Considerada por todos como un pan de Dios, casi casi la encarnación del “ángel del hogar” decimonónico, ya que su virtud coqueteaba con el sacrificio: la pobre no solo se esforzaba en cuidar a su padre enfermo, sino que le había consagrado su vida aun cuando eso significase quedarse soltera para siempre. Lo hacía sin interés, como quien busca inconscientemente restablecer el equilibrio; en fin, como si se pudiese tapar el sol con un dedo…

Hace cinco años, esta misma muchacha había matado a su madre de un puñal en el corazón. La versión oficial dice que lo hizo en defensa propia, que la madre estaba un poco loca y que un día llegó a casa con un cuchillo en la mano…y el resto de la historia es fácilmente predecible. Sin embargo, toda la verdad solo la sabe ella y su madre, que no contenta con dejar la ligera duda sobre su inocencia, se llevó el secreto de lo ocurrido a la tumba.

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