La poesía es un género literario polivalente: brinda acceso a cualquier persona para escribir y publicar sin reparo por los lugares comunes o el mínimo conocimiento de los clásicos; goza (o sufre) por contar con los ejemplares literarios de mayor complejidad y hermetismo; y es donde se encuentra la mayor libertad y desafío estilístico, pues permite el acceso a un territorio donde  no existen fronteras entre lo anecdótico y lo sublime. Por tal motivo, nos podemos encontrar con distintas clases de obras: las que obvian todo desafío, las que dificultan su entendimiento con pretensiones de supuesta calidad, las que vuelcan sabiduría casual (o auténtica) en un estilo asequible para el común denominador de la gente o las que gozan de auténtica profundidad y coherencia estilística y de sentido, brindando acceso a distintos niveles de lectura, los cuales se van abriendo en relación con los intereses y experiencia de sus lectores.

etapas del espíritu / runas grabadas en la piel es un poemario que corresponde a este último grupo. Ya desde la dicotomía que se plantea con el título entre “espíritu” y “piel”,  se evidencia una expresión que puede pasar inadvertida, pero que problematiza sobre la manera en que las experiencias escriben en el mundo físico y en el mundo espiritual. Mientras que el espíritu las delimita a través de “etapas”, el cuerpo físico las recibe como “runas grabadas”. Y aunque solo allí ya se tiene un tema sumamente atractivo, el poemario se arriesga a confrontar los límites entre ambas dimensiones a través del aspecto gráfico (el uso escrupuloso de las minúsculas, las líneas oblicuas y los caracteres alfanuméricos) y semántico. No en vano, la segunda sección, denominada “antielegías” responde al diálogo directo entre el testimonio de vida y las obras de artistas fallecidos como César Moro, Frida Kahlo, Charles Bukowski y Vincent Van Gogh (mencionados en minúsculas), en los que se reafirma su abandono físico, pero también la cercanía que se siente en el mundo actual e incluso la repercusión que tendrá en un futuro posible. Por lo tanto, mientras que las experiencias provocan cambios y estragos en el mundo físico,  el ámbito espiritual las retransmite y revalora a través de canales misteriosos que se hacen cada vez más reales a lo largo de este libro.

etapas del espíritu / runas grabadas en la piel marca también otra diferencia importante:  la que entre un poeta talentoso y un poeta talentoso que asume riesgos. Si bien se mantiene la narración “casi prosaica” que se menciona en el “Pórtico” del libro (y que ya es un sello propio de Roy Vega Jácome, luego de la lectura de sus poemarios anteriores, como Muestra de arte disecado y Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera), la capacidad de exploración y experimentación mostrada en este libro de 73 páginas se reafirma y acrecienta de formas perfectamente tangibles. Cada verso es un descubrimiento y cada mirada a la portada al libro una nueva tentación por releerlo y sumergirse nuevamente en los fantásticos límites que dibuja uno de los mejores poetas de los últimos años.

Celebro profundamente esta nueva publicación e invito a todos los lectores a disfrutar de esta fiesta que inició con el galardón del Premio Poeta Joven del Perú 2017, pero que, con toda seguridad, continuará por muchos años.



antielegía a vincent van gogh

                         en la belladona de tu resistencia
                               HILDEBRANDO PÉREZ

vincent, durante su joven adultez,
quiso ser un pastor de almas.
luego se dio cuenta de que nadie necesitaba de él
y que él necesitaba de todos, de théo.
sin embargo, no lo quiso admitir
y sus últimas reservad de amor las quemó con una prima insatisfecha, temerosa,
eterna admiradora de los prados de escarcha y los valores puritanos.
fue un romántico persistente
y luego, abatido y pelirrojo como nunca,
acudió a los brazos de sien,
aquella dama de carboncillo que, embarazada,
solía fumar con placer y resignación un cigarro cada noche.
fue enfermo, pobre, miserable,
y su castidad la consagró a los colores,
a la penetración en la naturaleza,
a la automutilación y el disparo en una zona del cuerpo
que acaso le recordó los pavores de su viejo amigo jesucristo camino al gólgota.
hoy he querido recordarlo
porque los cipreses aún existen,
y el insomnio que me obliga a mirar el cielo nocturno
me ha enseñado que los bólidos de luz
que vincent secuestró en saint-rémy y arlés
siguen siendo lejanos, pero cuán dulces y solemnes.
todo poema enmudece frente a ellos.
 

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