Hace un tiempo me preguntaba qué era lo que haría artística a una obra, duradera en el tiempo, lo que comúnmente denominamos una obra maestra. Me puse a pensar en qué diferencia a una obra artística de, por ejemplo, una de autoayuda. Y di con una posible respuesta: la sugestión.

Primero hay que diferenciar la capacidad de comunicar de ambas: ¿qué distancia El alquimista de Paulo Coelho de La metamorfosis de Kafka? Para mí, radica en que el primero te lo dice todo explícitamente y el segundo, no. En El alquimista la moraleja es clara: Tu tesoro puede estar más cerca de ti de lo que imaginas. No hay que pensar nada más. Con la otra obra, en cambio, ocurre lo contrario: queda mucho por inferir. Es como si su lectura fuera solo una superficie porosa de la cual emergen intuiciones, dudas, preguntas, cuestionamientos, que no se resuelven a la primera.

Aun cuando la crítica te dice, para esta última, que su lectura es la de la deshumanización del hombre por culpa del sistema capitalista, uno encuentra, por ejemplo, que el tema de la familia es capital. ¿Por qué los miembros de la propia familia son capaces de arrojar objetos contundentes al hijo- monstruo? ¿Por qué al final superan su muerte sin mayor duelo?

Esa infinita sugestión que no se agota en un tiempo ni contexto, es lo que me parece da a una obra su característica de maestra. Y quiero finalizar diciendo que no toda obra que el canon establezca como hegemónica lo es, y además que ellas tampoco son las únicas. Un ejemplo es Un mundo para Julius de Bryce Echenique. Debo reconocer que se trata de una novela exquisitamente narrada, con un final redondo, con personajes memorables y bien delineados, pero cuyo poder de sugestión es casi nulo.  A diferencia de El túnel de Ernesto Sábato,  que pese a tener un final cuestionable, posee grandes momentos que cuestionan al lector, antes que ofrecerle respuestas.

Sé que lo de considerar a una obra como artística o no, finalmente es un tema muy subjetivo, pero debo decir que personalmente me ha servido utilizar el filtro de la sugestión para establecer mi canon personal en todos los ámbitos del arte. En este ensayo, no pretendo decir que obras son buenas o malas para leer, sino solo diferenciar sus experiencias de lectura en función de su carácter explícito o sugestivo. Usted, querido lector, es quien decide.

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