Queridos lectores:

Les comparto un segundo adelanto de mi novela. Espero que sea de vuestro agrado.

Éxodo

I

  • ¡Qué linda pareja! -exclamó la mujer que los atendía en el restaurante.
  • ¡Gracias! Es que siempre estamos juntos -respondió Michael.
  • ¡Qué buen hombre es usted! Se le ve tan enamorado y cómo ayuda a su novia…
  • Esposa -ataja Clarita, con una sonrisa social-. Parece que poca gente se casa en esta época; pero los dos quisimos hacerlo.
  • Ustedes tienen algo realmente especial. Quisiera tomarles una foto si no estuviera prohibido registrar momentos como este. Pero igual los voy a recordar siempre… Bueno, ya debe estar su pedido.
  • ¡Muchas gracias! -responden los esposos, al unísono.

La mujer no termina de llegar a la cocina, se da media vuelta y regresa.

  • Me van a disculpar, pero creo que tenemos un problema con su pedido… Y también con el local. Estamos cerrando.

Clarita envió una mirada de inteligencia a su esposo.

  • Y una cosa más… El auto que tienen no se ve muy seguro. Creo que  es más mejor que vayan volando.

No había dudas en el mensaje. La única pregunta que les asaltó era la identidad de esa mujer.

  • Mi nombre es Paola. Por si les interesa. No. No les leí la mente. Solo son sus rostros los que me interrogan y lo que sé de ustedes lo acabo de aprender, así que no se asusten de mí como no se asustan de ustedes mutuamente. Vayan, chicos. ¡Deben irse ahora!

Los esposos salieron desconcertados y la telekinesis de Clarita tomó el control por unos minutos, hasta alcanzar una distancia segura. El automóvil los esperaría por tiempo indeterminado.

  • Bien. Y entonces, ¿qué les trajo por aquí? -preguntó la dueña del restaurante a cinco individuos que materializaron sus figuras.
  • Estábamos cazando, Paola. Y acabas de asustar a nuestras presas.
  • ¿Presas? La gente no es presa y hoy en día ya no hay cazadores, que yo sepa.
  • Pero tenemos armas… Y tú estás indefensa en este sitio.
  • Sus armas no valen nada aquí, queridos amigos. Este es mi restaurante y aquí donde estoy pisando comienza mi territorio. Pero la pregunta es dónde acabarán ustedes.

Una luz intensa y expansiva rodeó el lugar donde estaban la dueña del restaurante y los invasores. Estos últimos, cegados por el resplandor, recuperaron la vista en un lugar helado, despoblado desconocido.

  • ¿Ubicación actual? -preguntó el líder del grupo.
  • 12756 kilómetros del objetivo -respondió uno de sus hombres.
  • ¡Imposible! -exclamó el líder.- ¿Cómo se registró nuestra ubicación actual?
  • Aparentemente, contamos con ubicación satelital  -respondió un tercer miembro del equipo.- No lo hubiera imaginado.

Luego de la guerra se había reemplazado la tecnología espacial por medidores regionales de distancia. El tiempo de transmisión de información fue más breve y se creía que sería el sistema más eficiente luego de que una cortina de nubes ocultase el sol y la lluvia ácida. Sin embargo, tenía una cobertura limitada. Sobre todo, en lugares tan remotos como ese.

Mientras tanto, en el restaurante, una mujer limpió la mesa de sus últimos clientes y halló un olor a preocupación que le recordó los tiempos de la guerra, su reclutamiento en el cuerpo de cazadores (un organismo díscolo con las imposiciones del Gobierno Central) y su alejamiento gradual, luego de conocer la infiltración de agentes en ambos bandos. Esta nueva cacería significaba movimientos fuera de sus expectativas. Solo faltaba conocer el origen de estos y lo encontraría con un poco de concentración y un viaje similar al de sus víctimas. Solo tenía que pensar en la persona de más confianza y que podría estar más enterada en esta clase de asuntos.

  • César -saludó con familiaridad y un poco de sorpresa al leer su nueva lista de habilidades- tenemos que hablar.

El titular de ese nombre, todavía acompañado por su esposa, miró frontalmente a su antigua amiga y respondió rápidamente.

  • ¡Encantado, Paola! Pero antes, necesitamos que hagas tu magia. Hay una luz muy desagradable encima de nosotros.

En aquel momento, la tierra que ocupaban más de una miríada de exiliados con distintos dones fue abordada por numerosas ráfagas de luz que bañaron el cielo, cubrieron edificios y castigaron a cientos de víctimas en distintas direcciones. Un resplandor mayor abarcó dos kilómetros de radio desde la morada que albergó al ex agente, la psíquica y la transportadora y desapareció toda la arquitectura un instante después.

Los tres habitantes reaparecieron en el restaurante recientemente abandonado.

  • ¿Y los demás? -preguntó Lena.
  • La mayoría está bien, querida. Solo que no los pude traer tan cerca. Transportar toma algunos segundos que no teníamos. Así que la mayoría está en un radio de tres kilómetros de aquí.

La mujer guardó un silencio luego de su respuesta. Cada instante contó en contra de ellos y sintió virtualmente todas las emociones de la tripulación, así como entendía los dones de las personas con tan solo verlas.

  • Nos haremos cargo de esto -respondió el ex agente.- Y ya sabes de quién hablo.
  • Espera, César. Hay alguien más que se está moviendo -respondió la anfitriona.

Lena observó atentamente a su esposo y leyó un atisbo de pensamiento y un gesto de dolor.

  • ¿Son ellos? -preguntó la psíquica.
  • Sí, querida Lena -respondío el ex agente.- Tenía un leve presentimiento, pero ahora está mucho más claro. Los monstruos están moviendo fuerzas a lo largo de la tierra. Hay una cosecha de individuos con dones… Y tenemos la mayor colección justo a nuestro alrededor.
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