Si  analizamos las premisas y consecuencias de una guerra en el mundo real, observaremos numerosas trampas que desmitificarían todo el heroísmo, la inteligencia y los sacrificios que puedan darse en el clímax de la misma. Curiosamente, una obra de ficción como la que se nos propone el tercer título de Avengers sugiere una visión distinta: absolutamente clara y estructuralmente coherente.

Thanos, el culpable de la guerra infinita, fue una víctima del desastre que sobrevino a su planeta. Dotado de todas las condiciones para ser un líder para su comunidad, avizoró la ruina como no se ejecute una medida radical: acabar con la mitad de la población de forma aleatoria e indiscriminada. ¿Migración? ¿Control de la natalidad? ¿Mejor distribución de recursos? De alguna forma, esas alternativas parecían descartadas en esa mente privilegiada, pero sin respeto por la vida que todo el resto del universo sí tenía.

Aquí es donde dieciocho películas y muchas décadas previas de madurez en el producto ideado por Stan Lee y Jack Kirby entran en juego para oponerse a su omnipotente pero dialogante adversario. Aquí aparece el ingrediente clave para que la pandilla de los Guardianes de la galaxia se integre a los Vengadores en pequeños, pero significativos grupos por todo el universo: tratando de ajustar cuentas personales con el titán, desplegando esfuerzos sobrehumanos por proteger las gemas del infinito o luchando para detenerlo a toda costa. La fórmula es efectiva con varios puntos a favor: casi todos los Vengadores y Guardianes son congruentes en su personalidad y motivaciones personales, hay elementos sorpresa (como la versión gigante de Peter Dinklage), aprecio por el misticismo (superpuesto a la fuerza bruta) y madurez argumental (véase la lista de películas indispensables antes de ver Infinity War, al final de esta reseña). En contra, los principales ayudantes de Thanos son poderosos, pero carentes de motivaciones propias, salvo la pertenencia absoluta al antagonista. Y a pesar de que declaran una especie de culto o creencia en su líder, parecen actuar más por miedo que por convicción. Fuera de ellos, Thanos se alza con astucia, poder y autonomía, superando obstáculos y ofreciendo explicaciones a quienes considera inteligentes, tales como el Dr. Strange o Tony Stark; valientes, como Star Lord; o queridos, como Gamora.

gamora thanos

Infinity War se desarrolla impecablemente, aunque con calzador. Los hechos ocurren con coherencia (incluso el cambio de opinión del Dr. Strange, luego de ver 14 millones de futuros posibles), rapidez y encanto. El humor del inicio va desapareciendo sutilmente, dando paso al acto final, en el cual la lucha de voluntades da un veredicto potente, pero no definitivo. La nueva imagen de Thor, el conflicto emocional de Tony Stark y el personaje que promete aparecer en la escena post créditos promete una nueva fórmula o solución para la cuarta entrega.

Avengers: Infinity War es una película que podemos observar muchas veces y aplaudirla solamente por el hecho de que venció su principal obstáculo: integrar a tantas leyendas de la cultura popular en un retablo bien calibrado. Sin embargo, detrás de esta película y sus efectos especiales, se dibuja también la lucha de voluntades que se suman a las cualidades ficticias de sus personajes: formar una pareja, proteger lo que consideramos importante y cumplir nuestros objetivos de vida más allá de la fuerza, la capacidad o el sacrificio que podamos utilizar para conseguirlos.

Lista de películas indispensables, antes de ver Infinity War:

Avengers I (conflicto con Loki y primera aparición de Thanos)
Guardians of Galaxy I (permite conocer a los Guardianes y su relación con Thanos)
Captain America: Civil War (explica la separación de los protagonistas)
Thor: Ragnarok (película inmediatamente previa a Infinity War y actualiza tanto a Hulk como al Dr. Strange)
Black Panther (explica el escenario del tercer acto en la película)


 

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