Estimados lectores: Comparto con ustedes una revisión crítica de uno de mis escritores favoritos en una de sus facetas menos conocidas.

Uno de los principales errores que comete la crítica es el de encasillar a los escritores en un solo género o especie literaria. Esto produce que solo se conozca a un Vallejo por su verso y no por su prosa, o viceversa, a un Borges por ser cuentista y no por su labor poética. Algo similar ocurre con el autor que vamos a comentar: Julio Ramón Ribeyro.

¿Quién no asoció a este autor con “Los gallinazos sin plumas”, “Silvio en el Rosedal” o “La insignia”? ¿Pero cuántos de nosotros lo vinculamos con La caza sutil, las Prosas apátridas o sus diarios íntimos? De seguro muy pocos. Pero nuestra intención no es desmerecer su calidad como cuentista, sino destacar que existen otros textos (incluso sin clasificación literaria exacta) en la que la pluma de Ribeyro brilla.

A nuestro parecer, este otro tipo de literatura suele tener una conexión más próxima, cercana e íntima con el lector, pues nos ofrece una mirada singular de la vida, una re-visión de nuestra cotidianidad. Por ello, comentaremos una muestra de la otra faceta de Ribeyro: sus Prosas apátridas.

En la “Nota del Autor” que introduce el libro, Ribeyro nos explica sobre su intrigante título: se trata de textos “apátridas” ya que no pertenecen a ningún “territorio literario propio” (9), y no porque pertenezcan a un autor apátrida. Asimismo, deja en claro que esta no es una creación ex nihilo, sino que recibe la influencia de Le spleen de Paris de Baudelaire que también es una especie de libro “disparate”, cuyo telón de fondo es la ciudad.

Los temas de las Prosas apátridas son variados: la infancia, el amor, el quehacer literario, la cotidianidad, entre otros; pero cada una de ellas tiene la particularidad de ofrecer una visión única sobre sucesos que podrían pasar desapercibidos en nuestro ajetreado trascurrir de la vida. Es esta mirada que “adquiere en privilegiados momentos una intolerable acuidad” (47) la que permite que “cada cosa pierde su candor para transformarse en lo que esconde, germina o significa” (47).

En un mundo donde no nos detenemos a reflexionar, donde preferimos el parecer al ser, creemos que resulta capital la lectura de este libro. Este puede ser leído a manera de una Biblia laica y moderna; sugerimos levantarse cada mañana y abrir al azar cualquiera de sus páginas; estamos seguros que cualquiera de sus 200 prosas le ayudarán a superar el día.

A continuación, les compartimos nuestra prosa de hoy:

197

“Hay momentos en que el sufrimiento alcanza tal grado de incandescencia que diríase nos cristaliza y nos vuelve por ello indestructibles.”

 

BIBLIOGRAFÍA

RIBEYRO, Julio Ramón. Prosas apátridas. Lima: Editorial Milla Batres S.A./ COFIDE, 1992.

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