–    ¡Volviste! –dijo estupefacto.

        Ella desvió la mirada hacia la mesa poblada con velas, champagne y alimentos frescos. Lo abrazó y besó por cada detalle. Sin embargo, su alegría no advirtió dos de ellos: la silla puesta a un lado y la soga en la que él la esperaría con el estómago vacío.


 

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