¿Quién dijo que de la alegría no nace poesía?
Es que ni siquiera espuma sale
cuando se está contento, 
pero algo queda. 

Como el recuerdo de una mañana en bicicleta 
por Barranco 
para los días de penumbra 
en los suburbios del centro de Lima
llamándola de madrugada
mientras me llueve al oído 
una voz que me llama por otro nombre. 
Porque para eso se escribe alegre
para mis días sin ti
y a solas. 

Para tener a mi lado
(y a la mano) 
el fósil de tu sonrisa yerta
porque nada es para siempre 
sino, por el contrario,
breve
como la vida de una ola. 

Porque no se escribe alegre para el hoy
sino para el mañana;
porque en la vida así como en la fábula 
hay que guardar provisiones 
para cuando no las haya. 

Por eso te canto hoy
para cuando no estés. 
Escribo por ti
y para mí,
por egoísmo y solidaridad
para tenerte al no tenerte
y besarte cuando hayas partido. 

Y, más precisamente, 
escribo 
para el recuerdo. 
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