Queridos lectores:

Les comparto la publicación de mi más reciente libro: Fines y reinicios de la Tierra: Trilogía completa. Disponible desde el día de hoy.

Aunque es una tentación permanente creer que una historia se debe explicar sola (y ese sentimiento se fortalezca con la ilusión de unicidad), en esta oportunidad mi ansiedad por dejar unas palabras sobre la presente trilogía fue mayor.

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         La historia contada en Fines y reinicios de la Tierra parte de la exhumación de un personaje que creció durante mis años de adolescencia y que, lejos de acompañarme durante los años posteriores, decidió comportarse de forma plausiblemente grosera: tomó sus propias decisiones, se resistió a mi arbitrariedad y soportó los retos psicológicos que le fui poniendo. Por todo ello, quedo sumamente agradecido.

         Al escribir las primeras páginas de El agente y la psíquica, me propuse la idea de escribir una autobiografía. La inverosimilitud fue catastrófica. No tenía forma de justificar mi propia imprudencia o la falta de causalidad en las decisiones que iba tomando. Por ello, opté por una fórmula mucho más terrena: el maquillaje de la distopia; de un mundo gris, con gente desalentada por la guerra y por la inconsistencia de sus relaciones con el exterior. Agregamos un ingrediente adicional: el uso de habilidades especiales; una forma de romper la estrechez de la generación que se estaba formando. Al principio se trató solo de César y Lena. Pero ellos fueron atrayendo a otros individuos casi tan descolocados como ellos para darles su lugar en el mosaico.

         En Los exiliados me inspiré en la idea del locus amoenus. De un sitio en el que estos seres, orientados por sus sueños, visiones y esperanzas debían alcanzar. Para llegar a este, los protagonistas debían ganarse a sí mismos. Ponerse a prueba y emplear todos los medios humanos y tecnológicos a su disposición frente a la amenaza. El resultado me pareció románticamente efectivo. Asimismo, tuve la oportunidad de agilizar el estilo narrativo hasta el punto de tener lectores que devoraron la propuesta con emoción.

         Lágrimas del cielo sobre el mundo fue la verdadera continuación de la primera parte. Las amenazas de ambos libros se soltaron las trenzas y rindieron parte de sus razones. Sin embargo, la colectividad conseguida en Los exiliados jugó su contrapeso. Por ello, el ritmo de esta historia es más rápido. Porque presumo que quienes desean saborear la cereza del pastel también han conocido el cuerpo completo del mismo.

         Para quienes se embarcan en el compromiso de leer este libro, les combino el abrazo fraterno con una recomendación: los cambios de estilo de narración son casi injustificados; pero les ayudará a hacer una pausa para conocer un poco más los estilos de pensamiento de cada personaje. Agradezco también la paciencia que tendrán al acercarse  a ellos.

         Finalmente, quedo agradecido con todas las personas que han seguido y alentado la integridad de este trabajo; a todos los que lo conocerán a partir de este momento; y a todos los que lo seguirán hasta el final.

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