Esta novela, del conocido y premiado escritor Milton Fornaro, nacido en Minas en el año 1947, y que en 2018 recibiera por esta obra el premio de narrativa “José María Arguedas”, otorgado por Casa de las Américas, es ambiciosa, removedora y tiene detrás mucho trabajo de investigación. Porque la madriguera ha de ser un refugio temporal que dé protección de los enemigos, en este caso del principal personaje, Aarón Goldwicz, natural de Danzig, mitad judío polaco mitad alemán. Es la guarida, el cubil, el escondrijo de quien oculta sus culpas no sólo por vergüenza, sino porque en el camino ha dejado todo lo que tiene de humano hasta el punto de ser una marioneta de los más salvajes y brutales odios humanos, de asesinos confesos con pretendidas justificaciones supremacistas.

La novela se compone de cuatro partes bien definidas, y es circular, puesto que termina cerrándose sobre lo que se plantea al principio. Los capítulos son cortos y concisos, refieren por lo general a una cosa por vez, o a un aspecto determinado de la historia. El lenguaje es directo y bastante conciso y, sobre todo en la segunda parte (lo mejor de la novela), es brutalmente preciso. Permanentemente nos da un “color” de época realista, que nos ubica en el terreno mismo donde suceden los hechos. El tiempo se alterna, mientras el principio y el final parecen remitir a un ahora en presente, la segunda y la tercera parte van hacia el pasado, con abundancia de fugas hacia adelante (flash forward) y de retrospectivas (flashback), así como la fragmentación del discurso. Sus personajes están bien delineados psicológicamente, las referencias físicas son mínimas, para diferenciarlos. Tiene como trasfondo histórico hechos sucedidos alrededor de la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias posteriores, casi hasta nuestros días. El tema principal es descubrir el origen y la identidad del mal (o del horror), ver cómo fue posible que sucediera el Holocausto del pueblo judío a través de la reconstrucción de un traidor y sus motivaciones o desmotivaciones religiosas, ideológicas y económicas, mediante un procedimiento cercano a la novela policial. El personaje principal será Aarón Goldwicz, y sus dobles antagonistas: Yankev Kuzec (que lo buscará para saber sobre su propio pasado), y el detective Arquímedes B. Carson (que tratará de saber la verdad).

El autor toma partido, claramente, al mostrar la brutalidad del nazismo y la cooperación de distintos actores, por distintas causas, con el mismo. Las relaciones sociales de la época están claramente manifiestas y se expresa en la ideología dominante, el nacional socialismo, y en la supremacía racial frente al judaísmo o al judío, visto como el origen de todos los males. Los roles femeninos son secundarios aun cuando tienen su peso relativo, principalmente la abuela del principal personaje, y funcionan como elementos accesorios en la trama principal. El personaje principal, Aarón Goldwicz, se siente de alguna manera poderoso, sicológicamente, y por ello llega a tener cierta posición de privilegio, pero en realidad esconde un descreimiento total y la inutilidad de toda acción, salvo la suya para sí mismo, de forma egoísta, y se refugia en el dinero como si fuera su nuevo dios, al alcance de la mano.

A pesar de ser bastante extensa, no tiene demasiadas complicaciones para su lectura, quizá únicamente las referencias a algunos ritos de la religión judía, que no son explicados, nos impidan su total comprensión. En la primera y en la última parte, donde se trata de la investigación a partir del descubrimiento de unos huesos en el sótano del Palacio Durazno (edificio que concentrará el territorio de dicha investigación) su escritura es más liviana, pero sobre todo en la segunda parte, que trata de nuestro personaje en el campo de concentración de Stutthof, convertido en un kapo (colaborador de los nazis) la novela cobra una densidad por momentos agobiante, al desarrollar, sin miramientos, toda la brutalidad que la situación presenta. La vida en la ciudad de Danzig, ciudad polaca pero que es invadida por los alemanes, también queda retratada, ya que de allí saldrá nuestro personaje, ya convertido en un renegado. En la tercera parte tratará sobre el secuestro y la extracción de Adolf Eichmann, uno de los mayores criminales de guerra, que será llevado a Israel, donde será juzgado y condenado a muerte por sus múltiples crímenes en 1961.

Si bien tiene algunas expresiones coloquiales que le quitan seriedad, y que intentan hacer más llevadera la lectura, se trata, sin duda, de una de las grandes obras de nuestro tiempo sobre el tema del nazismo y su barbarie, que ha tenido amplia y profunda repercusión en la historia y en la literatura universal (como por ejemplo la trilogía de Auschwitz de Primo Levi y, entre nosotros, el libro de testimonios de Miriam Bek, Una voz para la memoria).

Recientemente, por ejemplo, se realizó en la ciudad de Salto, una Muestra sobre los judíos en el ejército polaco, aportando otros datos para decirnos que hubo una resistencia judía, de cierta importancia, que, aunque activa en algunas zonas de Europa, fue incapaz de evitar la gran hecatombe del pueblo judío.

El negacionismo y el relativismo acerca del número de víctimas, sólo han hecho que, cada tanto, reaparezca el monstruo, como pudimos verlo el año pasado en las pintadas que se hicieron en el Memorial del Holocausto en la rambla de Montevideo, y en el movimiento neofascista en auge en Europa, principalmente.

Con esta obra, Milton Fornaro ha entrado en lo mejor de la literatura mundial.

(La madriguera, de Milton Fornaro, Editorial Alfaguara, Montevideo, Uruguay, 2016, 549 páginas)

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