Llueve. Llueve. Y la gente corre
se atropella choca grita
desespera
los paraguas se rompen se astillan
los autos salpican contra los bajos
de los pantalones
la gotera fatal y fría cae adentro de un ojo sí
un ojo no
o en el lustre brilloso de un turbio oficinista…

Llueve. Llueve a goterones y luego en rachas
por un instante asoma un disco de fuego
en el adivinado horizonte
y otra vez llueve y llueve hasta que se hace noche
y la luz artificial se cuela entre los gatos.

Entonces
las miserias nuestras
tan próximas
y todas las miserias de la metrópoli
se lavan
se escurren
forman arroyos contra las aceras
como si pudieran desaparecer para siempre.

¡Ay de los pobres
que no tienen techo!

¡Ay de los mendigos
sin un mendrugo de pan!

Llueve. Llueve sobre la ciudad recogida
dentro de sí misma
llueve a gritos destemplados
y a susurros indolentes
llueve con sabor a moho viejo
descascarado
pútrido
desleal.

¡Ay de los pobres, digo
de los que la gente escapa
como si fuera una enfermedad contagiosa!

¡Ay de los pobres, ay
que no pudieron morir
en esta madrugada!

1° de setiembre 2018/ Montevideo, Tranqueras, Salto

Anuncios