La hizo tropezar y caer a plena luz del día. Entre los arbustos y piedras como huevos de pascua se erguía la figura de quien la había llevado hasta allí. Aparte del sádico tratamiento no le regaló ninguna mirada especial. Solo un nuevo golpe. Otra patada. El grito que él lanzó fue para alguien más. Ella no era nada para él. Nada… a menos que pase lo que él esperaba: que en lugar de salir fuera del campo llegue directamente a las redes enemigas. Hasta tenía un monosílabo que lo perseguía para salir más del estadio improvisado. Más allá de su ahogo y de tantas persecuciones.

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