“Nunca vas a ser tan joven como hoy”
Susurraron los ojos sabios de un anciano
Que siguió su sendero de ermitaño
Tras estrechar mi mano.
Me quedé absorta por el silencio
Que temblaba en las huellas de sus pasos,
En algún rincón de mi esencia
Sólo anhelando un abrazo.
De perdón, sin culpa, de entrega,
De caricias eternas en mis sueños,
Pero aunque Alma mía se lo ruegue
Cada deseo tiene su tiempo que es el dueño.
13 de octubre de 2018, Ingrid Da
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