Asociación Cultural Retratos Abiertos

Capullo, por Mauro Marino Jiménez

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De tantos años llamando a la puerta, esta acabó por abrirse.

Tras ella, un ángel vestido de terciopelo y dulcísima mirada llenaron de vergüenza mi estado lamentable y sucio. Quise correr, pero algo en mí se desplomó como un diente malogrado. Mi otra figura, completamente erguida, comprendió, sintió semejanza y agradeció por toda la dedicación y todo este tiempo.


 

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