Asociación Cultural Retratos Abiertos

Cómo enseñarle el mar a una boliviana, por José Natsuhara

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A orillas del mar peruano/chileno (chileno/peruano, disculpen las molestias) te romperé
la blusa, boliviana, y tus piernas temblarán ante las arremetidas
del agua salada (un mar de limonada contra las rocas) oliendo a menstruación
o a ese otro período, el fértil y la descendencia del chupe de locos, de los bañadores apretados
en el bikini contest y los choritos a la chalaca decorando el chá chá chá quizá
hemos culminado una guerra mezquina
por el dominio naval de 7 u 9 familias
cuando del uno y del otro lado del charco salpicaba (salpica aún) la dicha y la belleza
¿Dónde cantaban los poetas? Cuando te estremeces en el frío paceño y piensas en tomar el
sol, repito: TOMAR EL SOL, suavemente beberlo
sentadita en la arena mientras jugamos vóleibol en la frontera, alejados del concepto judicial
de migraciones,
que migren las aves, que migren los animales
feroces o se tuesten en las parrillas de este febrero a 25 grados centígrados de puro punche,
los amantes no migran, anidan, donde corre el alcohol
como antes de él corrió la sangre
de nuestros ancestros azules, pobres peones lanzados al desierto rematando soldados a
sablazo limpio, mientras el jurel, los pejerreyes, anchovetas & toda La Fania buceaban muy
pescerilmente dándole besos a las profundidades cercanas aún a nuestras redes
el mar también nos recuerda con asco, señores coroneles, distinguidos
poetas nacionales,
y las olas nos empujan hacia afuera
nos revuelcan nos hacen perder la ropa íntima nos devuelven a la humildad al rubor que
enciende el corazón y los faroles, ven ven buque, balsita, totora, barquito,
crucero con nombre de sirena borracha señora que sirve un menú al pie de la espuma,
los mecanismos extraños de turismo y el consumo de las horas nos advierte de un atardecer
dulce como chicha de jora chorreando de las nubes cargadas
la lluvia que limpiará
nuestro mal designio y las estrellas donde puedo observar
millones de nombres estáticos dándome las gracias por qué sé yo,
a orillas del mar peruano/chileno (chileno/peruano, disculpen las
molestias) yo pienso que de ser el Poseidón Aquamán ese, les hubiera regalado un pedacito de
él a todos los hombres del mundo y no me hubiese preocupado del PBI, de la diplomacia
geopolítica,
vendería a precio de infarto + vale de supermercado mi mar para evitar una
catástrofe, quizá
y no haya acto más bello o imbécil (depende de cómo lo mires, hermano,
¿una salsa y ya vemos?)
Si este lugar es sagrado, habremos de bailar pegado (como tiene que ser carajos),
Maestra vida camará, te da y te quita, te quita y luego te da,
el tío Nicomedes se cuadra y de un bocinazo abre las aguas del mar
y comienza el rave en el medio del mundo que hemos creado para chuparse los dedos
la noche explota y veo tu rostro prendiéndose y apagándose
fotografiada por la lente Nikon de la mente
que accionas – The Evil Dead – como una motosierra
mis neuronas chispeando
sobre tu lomo que se calienta expande contrae vibra
y ya te tengo aquí solita para mí,
volvemos a juntar las aguas para que todo el resto de humanos se ahogue
se quede azul y se funda con el azul de sus ancestros y del cielo eterno de Magdalena,

a orillas del mar boliviano (ni chileno/ni peruano, disculpen las molestias)
yo te cojo de los cabellos y te arrastro por la arena y te huelo
profundamente
escuchando en tu caracola el sonido de un mar
(de vulgaridades) que apremia a los conocedores del beso tierno seguido del beso tierno
seguido del beso tierno,
las correas para sujetar a los jinetes, la yegua, los relinchos
y el dolor suculencia valse criollo de tus ojos lagrimosos
y gracias sigue por favor
gracias sigue por favor
se te cae la baba tienes los ojos desorbitados que se nublan gracias sigue por favor, máquina
hembra máquina macho,
MAREMOTO arrasando la Atlántida
donde mi pene es la ola que rompe contra tu carne y abre grutas y echa la espuma rabiosa que
marca el paso de la marea sobre tu rostro que dice sigue por favor
a orilllas de mi mar boliviano sigue por favor, no pares que soy tuya,
quiébrame los huesos, borra las fronteras, móntate en mi espalda,
y veranea, cielito, veranea.


 

José Natsuhara (Lima-Perú, 1990). Director de Tríada Primate (plataforma libertaria y discordiana de arte). Ha estudiado Filosofía en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Electrotecnia e Inglés Británico. Actualmente estudia Psicología en la Universidad Autónoma del Perú. Ha publicado la revista Monólogo (2009), la revista Primate (2017-actualidad), la Antología de Poesía del Grupo Primate (2017), y el poemario La Guerrilla Elegante (2019). Conduce el podcast Radio Primate y escribe las columnas Hola! Ciudad-Ano y TESTOSTERONA.

 

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