Asociación Cultural Retratos Abiertos

Alegoría, por Mauro Marino Jiménez

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Un librepensador vivía en el neolítico. Al ser excluido por su falta de interés en las cosas importantes, como la explotación de sus semejantes, el culto a la apariencia física y la predeterminación de las estrellas, viajó a una tierra de gente pensante.

Al principio le pareció fascinante compartir temas de interés; pero pronto se dio cuenta de que los habitantes de ese lugar siempre llegaban a las mismas conclusiones. Por eso, uno de sus líderes, preocupado por el equilibrio mental y emocional de sus ciudadanos, sentenció: “Podrás ser un pensador; pero no libre”.

Hastiado de ambas tierras, el librepensador tuvo varios finales, según rezaba la alegoría. En algunos se mimetizaba, de acuerdo con su instinto de supervivencia; en otros se aislaba o desaparecía; en otros tantos, fundaba una asociación cultural que nadie apoyaba; y en otros más se dedicaba a escribir microrrelatos que le daban un alivio similar a la morfina y un poco de gracia a sus lectores.


 

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