Asociación Cultural Retratos Abiertos

Cuando el destino parece volver a aparecer, por José Luis

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No sé qué hago aquí con ustedes (todo el salón rompe en carcajadas). Quizás el destino jugó a favor de ello. Lo que sí sé es que soy el resultado de una casualidad que no estaba permitida (aunque creo que ustedes también lo han sido), pero Adriana tuvo en su momento que desafiar su realidad. Las indicaciones de los médicos y su integridad y salud: “Es peligroso señora que tenga al bebé, es un embarazo complicado por su edad”. Si lo vemos desde la actualidad, aquel argumento era válido, perturbador y complicado; de entender para una mujer de 45 años, que estaba gestando a su hijo número once y que no tuvo, en ningún caso, que recurrir a una cesaría (ese término parece que no existía por aquel entonces)  y casi nunca ir a un hospital o una clínica, porque todos sus demás hijos habían nacido en casa. Si hace cuatro décadas un embarazo de este tipo era peligroso, hoy es casi una declaratoria de muerte; a pesar de que se puedan tomar todos los cuidados pertinentes.

Fui entonces el producto de esas circunstancias complejas, y el hijo que no debió nacer hace 39 noviembres. Adriana, más por una cuestión de tradición, de respeto a la vida y a la religión, no tuvo el valor de dejarme ir. Estuve los nueves meses con ella y, contra todo pronóstico y augurios de que quizás nacería un niño con complicaciones o problemas físicos (ideas muy difundidas por esos años), ella me dio todo su cariño y amor.

Véanme, hoy estoy con ustedes aquí en carne y hueso (otra vez el salón rompe en carcajadas), y puedo afirmar que, algunas veces, el poder del amor desafía al destino y a la misma realidad.

Eso pasó con Cielo hace casi siete años (el público se quedó perplejo y con mucha curiosidad otra vez por esta afirmación). Aún recuerdo aquel septiembre, cuando estuve delicado de salud, no sé de donde saqué las fuerzas para hacer algo bonito, que hoy es el más grande orgullo de mi vida. Pasaba por un grave problema de salud y Gabriela había llegado de urgencia para verme, después de cruzar tres países y más de 4500 kilómetros.

Su mirada penetró como un aire de fuerzas en cuerpo y espíritu. Y aquella noche pude descansar unas horas, al menos, junto a ella.

Fue al amanecer que Gabriela me miró y me dijo: “tengo mucho miedo, siento que quizás el destino nos separe y que no podamos seguir juntos”, y con lágrimas en sus ojos me abrazó fuerte. Fue en aquel momento que entendí lo que me quiso decir y ese día, entre la vida y el abismo de la muerte, desearíamos que debía surgir una vida nueva: por eso yo sí puedo afirmar que Cielo no fue el producto de una causalidad, sino que fue un deseo intenso entre Gabriela y yo. Pero como nada es perfecto, y siempre después del deseo viene la razón (cuando no maestro, jajaja) Gabriela se aferró a mí y me dijo: “no puedes dejarte ir, tienes que luchar, te voy a necesitar”. Entró repentinamente en un estado de crisis y llegamos caminando varias cuadras por aquella clásica avenida del sur. Hicimos una escala en una farmacia y el deseo intenso de aquella mañana, debía ser interrumpida por nuestra razón y la propia supervivencia a la realidad de dos aprendices que no estaban preparados para esos desafíos.

Después de un par de semanas, pude mejorar un poco y regresamos de viaje. Comencé con un tratamiento aquí y Gabriela empezó a buscar trabajo otra vez. Pero cómo es el destino y cómo muchas veces no existen las casualidades, y más puede el deseo y el amor ,que finalmente ella confirmó sus sospechas iniciales: en aquella mañana de septiembre lejos de aquí, en un momento muy especial, los dos habíamos deseado algo y ese deseo, dos meses después, era una realidad; Cielo nacería pronto, rompiendo las barreras de todo pronóstico, como yo lo hice junto a Adriana hace casi cuarenta años atrás.

Otra vez la historia nos demostraba que todo era posible, y que el deseo es indescriptible; y deja de serlo ante el poder del amor (el aula quedó en silencio y todos  con algunas lágrimas me quedaron mirando con una profunda sensación de complicidad y admiración).


“José Luis” es un autor que nos compartirá un conjunto de sus propias historias. Esperamos sus nuevas entregas muy pronto.


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